El
fallo concede más valor al informe del médico forense que al
de los especialistas que actuaron como peritos en el proceso
judicial, ya que "este profesional fue quien examinó
directamente el cadáver y efectuó estudio necrópsico y
macroscópico y, por lógica, manejó unos datos que él mismo
ha podido comprobar físicamente, a diferencia de los
peritos, cuyas conclusiones están basadas no en la propia
experiencia sino en datos suministrados por otros médicos".
Según la historia clínica, el paciente ingresó en el centro
hospitalario por un adenoma de próstata con antecedentes de
obesidad, artrosis y protatismo, entre otros.
Tras la intervención, y con motivo de una obstrucción de la
sonda de lavado urinario, fue ingresado en la unidad de
cuidados intensivos con un cuadro vagal y shock.
En los días posteriores se apreció una insuficiencia
cardiaca que provocó su fallecimiento.
Sin relación causal
La sentencia no admite la argumentación de la demanda, que
achaca el óbito del enfermo a las complicaciones por la
obstrucción de la sonda que no fueron apreciadas a tiempo
por los servicios médicos.
Los magistrados aclaran que "el problema de la sonda se
solucionó y el fallecimiento que se produce más de un mes
después no trae causa en la hemorragia acaecida en el
posoperatorio, sino en una neumonía que pudo ser debida a
una complicación surgida durante la estancia hospitalaria".
Además, según el informe de la autopsia "la muerte fue
natural y su causa inmediata fue un síndrome de estrés
respiratorio agudo". Es más, el fallecimiento se debió a una
"bronconeumonía y no fue consecuencia de una mala praxis
médica".
Experiencia: el valor añadido
Son numerosas las resoluciones judiciales en las que los
jueces han dado más fiabilidad a los dictámenes de los
médicos especialistas que han actuado como peritos sobre los
de los médicos expertos en valoración del daño corporal. La
experiencia se convierte, para los tribunales, en un valor
añadido.
Fuente:
Diariomedico.com