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Tras la 'huella dactilar' del cáncer
Un programa busca
los genes que determinan el éxito o el fracaso de los tratamientos
antitumorales - El objetivo son las mutaciones de segunda línea
EMILIO DE BENITO - Madrid - 22/11/2011
Una combinación de genes que conforma la huella dactilar de
cada tipo de cáncer. Y hacia su determinación se orienta un nuevo programa que,
financiado por la Fundación BBVA, van a llevar a cabo conjuntamente el
Massachusetts General Hospital y el Vall d'Hebron de Barcelona, con la
dirección de Josep Baselga (Barcelona, 1959). El programa cuenta con una
aportación de 2,5 millones en cinco años y trata de elaborar un catálogo de
tumores y sus mutaciones que permita adecuar los tratamientos.
Con el
trabajo se evitará dar fármacos inútiles a los enfermos
"Vamos a poder hacer algo absolutamente
revolucionario, que es conocer y controlar la respuesta adaptativa de los
tumores cuando se bloquea su oncogén principal", explica el investigador.
La idea es el último paso en la lucha contra los tumores dentro de lo que se ha
venido a llamar tratamiento personalizado. "Aunque no es que se haga un
fármaco para cada paciente. Eso sería demasiado caro y llevaría demasiado
tiempo", matiza el médico. De lo que se trata es de caracterizar
genéticamente el tumor que se desarrolla en cada uno para darle la respuesta
farmacológica adecuada y no someter al paciente a los efectos secundarios de
tratamientos que no le van a funcionar. Poniendo un símil con la alta costura,
"se trata de hacer medicina prêt-à-porter, no a medida",
afirma el oncólogo.
La base del trabajo está en el comportamiento de los
tumores ante los fármacos de última generación. "Los oncogenes se hacen
los dueños de la célula; dirigen toda su actividad", aclara el médico.
Pero la sorpresa -y el desencanto- llegó después de identificarlos y crear
tratamientos específicos (por ejemplo, los hormonales para algunos tipos de
cáncer de mama, que es una de las especialidades de Baselga). "Veíamos que
en muchos casos la respuesta era inferior a la esperada", dice.
La causa es que "la muerte de un oncogén reactiva
otros". El médico utiliza un símil para explicarlo: "Es como cuando
decimos que Estados Unidos -la célula- es dependiente del petróleo -el
oncogén-. Pero si lo dejáramos sin petróleo, otras fuentes de energía, como la
solar o la eólica, que no se han desarrollado porque no hacía falta,
avanzarían". En este caso, ocurre algo similar: al seguirse un tratamiento
se inhibe el oncogén principal, pero, a cambio, se activan otros.
Esta idea es la clave del trabajo que se quiere llevar a
cabo. "Afortunadamente, el repertorio adaptativo de las células tumorales
es limitado, de la misma manera que hay un número limitado de fuentes
energéticas alternativas", dice Baselga. Por eso, "si establecemos un
programa en el que demos un tratamiento para combatir un oncogén A, por
ejemplo, y al cabo de unas horas biopsiamos y analizamos, podremos saber qué
vías se están reactivando". Así que el siguiente paso sería
"atacarlas, hasta que la célula tumoral muere".
Esta aproximación no es solo una teoría. En el último
congreso de la Asociación Americana de Oncología Clínica (ASCO) se presentaron
los datos de un nuevo fármaco contra el cáncer de mama, el everolimus. "No
hay duda de que el fármaco cierra una vía crítica y que se bloquea la
respuesta, pero el efecto es mínimo y el tumor incluso se reactivaba en algunos
casos", explica Baselga. Pero si el fármaco se combina con otro de los que
actúan sobre una de las vías secundarias más frecuentes, se conseguían
resultados muy esperanzadores. El resultado ha sido más que prometedor. Se pasó
de una supervivencia de cuatro a 11 meses. "Con esto se demuestra que un
medicamento poco efectivo multiplica su efecto al combinarlo con el tratamiento
de la vía de rescate", dice.
Ir a la base genética de la respuesta de los distintos
tumores tiene otra ventaja: que una vez que se establecen las bases comunes,
bastan ensayos clínicos más pequeños de posibles tratamientos, lo que los
abarataría. La idea, que va a empezar a trabajarse en los cuatro tumores más frecuentes (mama, pulmón, próstata y colon), puede extenderse a los demás. Además, Baselga cree que la ciencia farmacológica ya está preparada para dar soluciones a los hallazgos de segundas vías de reactivación de las células tumorales. Esto es importante, porque si no podría darse el caso, como en otras enfermedades, en que conocer los genes implicados no supone que haya tratamientos. "En este caso, si no tenemos tratamiento se puede sintetizar muy fácilmente", dice. Hay excepciones. "Es el caso de los tumores causados por el gen k-ras, involucrado en cánceres de páncreas, pulmón y colon. Los americanos los llaman no tratables", afirma. Pero, en general, él ve con optimismo esta vía de trabajo, que cree que pondrá la base para que se puedan generalizar las terapias personalizadas, con menos molestias y a menores precios. "La química [fabricar fármacos] está, falta la biología [saber contra qué]", concluye.
Fuente: Elpais.com
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