Investigación sin precedentes del
VHIR.
Barcelona, agosto de 2010.-
Investigadores del Vall d’Hebron
Institut de Recerca (VHIR) lideran un estudio sin precedentes que demuestra que
es posible modificar la composición de la flora intestinal trasplantándola y que
los cambios generados se mantienen, más allá de lo esperado, hasta tres meses
después del trasplante.
La
posibilidad de validar tratamientos que puedan hacer variaciones en la
composición de la flora supondría un antes y un después en aquellas enfermedades
en las que hay evidencia científica de que la flora intestinal juega un papel
determinante.
Esta investigación, publicada hoy en la revista Genome Research, establece que
es posible la introducción de nuevas especies en la flora intestinal habitual
simplemente ingiriéndolas y postula que no es necesario eliminar previamente
parte de la flora existente mediante antibióticos como se creía.
La importancia del hallazgo
Aunque el trabajo se ha realizado en ratones, las implicaciones futuras para la
salud humana se suponen de gran importancia.
La funcionalidad de los genes de las bacterias que se encuentran en nuestro
intestino son claves en determinadas patologías en las que las bacterias
influyen decisivamente por su acción sobre la nutrición (obesidad) y sobre el
sistema inmunológico (Enfermedad Inflamatoria Intestinal). La interacción y la
simbiosis entre humanos y su comunidad bacteriana (flora intestinal) es muy
amplia y tiene especial importancia en varios aspectos de su fisiología, como la
respuesta inmunitaria, el metabolismo de las grasas, la producción de nuevos
vasos sanguíneos, etc.
“En base a esta íntima asociación entre los humanos y su flora intestinal, se
considera que cada individuo humano es un ‘superorganismo’ resultante de la suma
de sus genes humanos y los genes del microbioma. Debido al elevado número de
microorganismos -hasta 2 Kg de bacterias, peso comparable al de cualquier
órgano- esta población de microorganismos, puede ser considerada un órgano más,
con su propia función”, explica el Dr. Francisco Guarner, responsable del grupo
de investigación en fisiología y fisiopatología digestiva del VHIR.
El microbioma es el conjunto de microorganismos (bacterias, levaduras, etc.) que
viven ‘en’ y ‘con’ el ser humano, de forma que sus genes y actividades
biológicas contribuyen a la salud y a la enfermedad. En números absolutos el
intestino humano está poblado por 10 millones de millones de bacterias, es
decir, que existen 10 veces más bacterias en nuestro intestino que células en
nuestro organismo. El microbioma humano es único para cada uno de nosotros e
incluye más de 1.000 especies diferentes de microorganismos.
Si se analiza la magnitud del microbioma, no es difícil imaginar que existan
claras evidencias de su implicación en determinadas enfermedades, como por
ejemplo en la enfermedad inflamatoria intestinal. “Conocer cómo restablecer esta
flora intestinal dañada o alterada en estas enfermedades parece ser la clave
para el tratamiento de estas”, explica el Dr. Guarner.
Un estudio clave para el diseño de nuevos tratamientos
Poder restablecer la flora perdida o incorporar la flora necesaria para mantener
el fino equilibrio entre la mucosa intestinal y el exterior podría ser la clave
para diseñar nuevos tratamientos contra la enfermedad inflamatoria intestinal.
“Los intentos realizados hasta ahora mediante el uso de antibióticos,
prebióticos o probióticos no habían conseguido efectos persistentes a
medio-largo plazo. Pero con los resultados de este estudio abrimos un nuevo
horizonte. El trasplante de flora intestinal y la bacterio-terapia podría ser de
gran ayuda en futuros tratamientos”, comenta la Dra. Chaysavanh Manichanh,
también investigadora del VHIR y primera firmante del estudio.
La investigación, en la que han colaborado investigadores de la Universitat
Pompeu Fabra de Barcelona y de la University of Colorado y ha recibido el apoyo
del Ministerio de Ciencia e Innovación, del National Institute of Health (NIH) y
del Howard Hughes Medical Institute, demuestra, por primera vez, que la
composición de la flora intestinal puede ser modificada. También prueba que es
posible la introducción de nuevas especies en la flora intestinal procedentes de
un donante.
El estudio aporta un dato más: al
contrario de lo que se creía, la introducción de nuevas especies no necesita que
previamente se eliminen bacterias existentes mediante antibióticos. “Esto supone
una ventaja si se plantea este trasplante como un tratamiento para intervenir a
nivel de la flora intestinal, pues la administración de antibióticos produce
grandes efectos a largo plazo sobre el resto de la flora que no se revierten con
facilidad”, prosigue la Dra. Manichanh. A su vez, el estudio ha determinado que
la administración de estos antibióticos pre-trasplante no facilita una mejor
adaptación de la flora introducida.
Lo más sorprendente de la investigación, según la Dra. Manichanh, “no es sólo
que flora procedente de un donante pueda trasplantarse en un receptor con éxito,
sino que los cambios que se generan en la flora intestinal del receptor gracias
al trasplante se mantienen hasta tres meses después de este trasplante”.
Fuente: Noticias medicas