"La única forma de salir de la
crisis es invertir en cerebros"
XAVIER PUJOL GEBELLÍ - Múnich - 22/09/2010
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Mientras en España se anuncian nuevos recortes para
las partidas de I+D, que se suman a los del curso
pasado, en Alemania se ha alcanzado un pacto por la
investigación, con amplio consenso de las fuerzas
políticas y los agentes económicos y sociales, que
garantiza presupuestos adicionales para las
distintas instituciones científicas germanas.
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Peter Gruss, presidente de la Sociedad
Max Planck, el buque insignia de la investigación de excelencia alemana, cree
que la medida persigue reforzar la competitividad, especialmente respecto a la
pujanza de China, y asegurar una rápida salida a la crisis actual.
"Se ha pactado un aumento sostenido
de los presupuestos de I+D en cinco años"
"Si fuera empresario invertiría en
nanociencias, materiales y TIC"
"Nos hacen falta muchos expertos
para desarrollar el coche eléctrico"
"Neurocientíficos y artistas
estarán juntos en un centro de Estética Empírica"
Pregunta. Varios países europeos están recortando sus presupuestos en
I+D, pero Alemania sigue el camino opuesto. ¿A qué lo atribuye?
Respuesta. Estamos convencidos
de que la investigación es la piedra angular para el desarrollo económico y
social de nuestro país y también de Europa. De ahí que nuestros agentes
políticos y económicos hayan pactado un aumento sostenido de los presupuestos en
I+D durante los próximos cinco años. Para la Sociedad Max Planck el aumento
supone 250 millones de euros [sobre un presupuesto de 1.600 millones].
P. ¿Para qué invertir más en un
país como el suyo?
R. En números absolutos, la
inversión de China en I+D es mayor que la europea y para 2015 probablemente
supere a la de EE UU; nos han superado ya como país exportador en productos de
calidad. La única forma de ser competitivo, como lo está siendo China, es
invertir más y mejor en innovación.
P. ¿En qué hay que invertir para
conseguir buenos resultados?
R. Para que la inversión tenga sentido
es necesario un sistema de investigación funcional, lo cual implica tener
capacidad para mejorar productos y tecnologías, al mismo tiempo que mecanismos
para favorecer innovaciones disruptivas, aquellas que marcan un antes y un
después.
P. ¿Qué papel tiene en este
esquema la investigación básica?
R. Es esencial. Mire si no lo
que está ocurriendo con la biotecnología, de la que surgen casi el 70% de los
productos farmacéuticos. En ningún caso habría sido posible sin el concurso de
la ciencia básica. Nuestros economistas nos dicen que es preciso potenciarla y
al mismo tiempo invertir más que nuestros competidores para ser competitivos
comercialmente.
P. Pero lo normal es que las
empresas y los Estados no inviertan en plena crisis.
R. Cada crisis nos proporciona
una oportunidad. Todo el mundo sabe que hay una clarísima correlación entre
inversión en I+D y éxito comercial. Un político bien asesorado sabe que invertir
ahora en ciencia de frontera es crucial para el desarrollo y la innovación.
P. La pregunta es cómo y en
qué.
R. En nuestro caso, alcanzando
el 3% del PIB para mantener la competitividad con respecto a Estados Unidos y
China. Europa debe hacer un esfuerzo, puesto que muy pocos países invierten
cifras similares.
P. Esa cifra no va a ser
posible sin el concurso de la industria.
R. En Alemania, la industria
aporta ya dos tercios de la inversión en I+D, pero eso no ocurre en otros
países. En España, por ejemplo, invierte solo un tercio, lo que obliga al Estado
a invertir muchísimo más para alcanzar una cota razonable. Ese es un objetivo
poco realista.
P. ¿Cómo atraer la inversión
del sector privado?
R. Los Gobiernos deben
incentivar la inversión. Pueden ser incentivos fiscales, financiación para
investigar en las empresas, ayudas para establecer cooperaciones o
colaboraciones con instituciones de investigación académicas... Hay herramientas
para conseguir que la inversión resulte atractiva para las empresas.
P. Si usted fuera empresario,
¿en qué invertiría?
R. En nanociencias, nuevos
materiales y tecnologías de la información, la inversión es ahora mismo más que
atractiva. Cada país debe valorar qué le interesa más en función de sus
fortalezas.
P. Pues Europa no parece estar
por la labor.
R. Europa está incrementando su
inversión en I+D. Pienso que los cambios se van a materializar en el VIII
Programa Marco, que entrará en vigor en 2015.
P. ¿Qué otros cambios prevé?
R. La población europea
envejece. Si queremos mantener nuestro poder económico, tendremos que ser
atractivos para incorporar talento de otros países. Ahora mismo ya no producimos
suficiente para cubrir nuestras necesidades en ingeniería, química, física,
matemática o informática. Solo en Alemania se pierden 70.000 puestos en estas
áreas.
P. ¿Para qué?
R. Por ejemplo, para la
electromovilidad. Con la tecnología actual difícilmente podrá existir una
verdadera industria del coche eléctrico, demasiado caro y poco competitivo.
Necesitamos investigación básica en electroquímica. Por tanto, físicos,
químicos, ingenieros, informáticos y un largo etcétera de expertos.
P. ¿Qué planes tiene para los
institutos Max Planck?
R. Con el incremento de
presupuesto se pondrán en marcha nuevos institutos, por ejemplo de sistemas
autónomos
[robótica inteligente] con científicos especializados en neurociencias y nuevos
materiales e ingenieros. Se trata de trabajar en robots que puedan reaccionar de
forma inteligente ante estímulos o señales externas. En energía, interesa sobre
todo la conversión energética. Las áreas de interés son la fotosíntesis
sintética y el almacenamiento de hidrógeno como posible combustible para los
coches del futuro. Un tercer campo es la biología teórica, además de la
sintética y de sistemas.
P. ¿Nada en Humanidades?
R. Al contrario. Vamos a fundar
un centro dedicado a Estética Empírica en la que fundiremos a neurocientíficos y
artistas para comprender cómo se adquiere la percepción y se transforma en arte.
Un último campo va a ser, en colaboración con el CSIC, estudiar cómo distintas
culturas (musulmana, cristiana y judía) vivieron juntas en el medievo y cuales
son los límites. Si entendemos como convivían, tal vez podamos inferir
mecanismos para mejorar nuestra convivencia actual.
P. ¿Contribuirán estos centros
a resolver el conflicto de las plantas transgénicas?
R. Alemania tiene un problema
con la biotecnología verde, pero por razones ideológicas. Racionalmente, no veo
motivo alguno para estar en contra; al contrario, pienso que esta tecnología
acabará por imponerse en el mundo. El camino es irreversible, y lo que opinen
los alemanes carece de importancia.
Fuente: El Pais.com