Europa y EE UU debaten si los
proveedores de conexión pueden priorizar un tráfico sobre otros -
Tras esta demanda puede haber ambición
de monopolio
DAVID ALANDETE 22/04/2010
¿Quién manda en la Red? Las empresas de telefonía y cable ofrecen
conexiones a Internet de pago.
Los
proveedores de contenidos, como Google o Yahoo, aportan la información,
financiándose con la venta de publicidad. Los usuarios pagan por su acceso a la
Red y, con sus visitas, generan tráfico e incrementan los ingresos
publicitarios.
En esta cadena de servicios, ¿quién
gestiona el tráfico online? ¿Quién tiene el derecho de aligerar o ralentizar las
conexiones? ¿De quién es Internet?
Obama ha tomado partido por las
empresas de contenidos
Alierta se despachó contra los
buscadores por el uso gratuito de la red telefónica
Expertos alertan de que Microsoft y
Google actúan como un 'lobby'
No se trata sólo de transparencia;
detrás están los fines comerciales
De momento, quienes pueden gestionar
físicamente la Red son los proveedores de Internet. En España, lo hacen empresas
como Telefónica, que ofrecen conexiones y cobran por ellas. Con la
generalización de la Red, esos proveedores denuncian que se les niega una
oportunidad de negocio: los usuarios usan Internet como desean, los proveedores
de contenidos se enriquecen a sus expensas, y pese a ello, sus ingresos se
mantienen planos.
Ese enfado lo expresó el presidente de Telefónica, César Alierta, en febrero.
"Es evidente que los buscadores de Internet utilizan nuestra red sin pagar nada,
lo cual es una suerte para ellos y una desgracia para nosotros. Pero también es
evidente que esto no puede seguir. Las redes las ponemos nosotros; los sistemas
los hacemos nosotros; el servicio posventa lo hacemos nosotros. Esto va a
cambiar, estoy convencido", dijo.
El Gobierno de Francia ha lanzado una
consulta popular para recabar la opinión de la ciudadanía al respecto, y
Bruselas espera debatir un modelo para Europa antes de verano.
Alierta representa los intereses de
los proveedores de conexión, quienes no sólo piden que se cobre a las empresas
de contenidos. También reclaman la capacidad de gestionar sus redes, aunque
suponga cierta discriminación contra ciertos usuarios. Hay ya un pronunciamiento
judicial sobre el asunto en Estados Unidos. El 6 de abril, un tribunal sentenció
que el Gobierno no tiene derecho a obligar a las empresas de telefonía y cable a
que sean neutrales a la hora de tratar a sus clientes. Es decir, un proveedor
(como Telefónica o, en EE UU, Comcast) tiene el derecho a discriminar a un
usuario que use programas que ocupen mucho ancho de banda.
Comcast, la mayor operadora de cable
de EE UU, comenzó en 2007 a ralentizar el tráfico de usuarios que ejecutaran
frecuentemente programas de intercambio de archivos P2P. Uno de ellos, Raam Dev,
de 28 años, hizo una prueba con su conexión. Era cliente de Comcast desde hacía
cuatro años. Comenzó a utilizar el programa de intercambio de archivos
BitTorrent y notó una gran ralentización. Decidió usar un programa para medir la
velocidad de las descargas. Pasaron de 18.878 a 4.500 Kbps [kilobits por
segundo], después de que se bajara un archivo legal a través de un torrent
[programa de acceso a páginas de descarga].
"Repetí el experimento una media
docena de veces", explica. "En cada ocasión, mi conexión se ralentizó de forma
considerable, después de que pasara unos cuatro o cinco minutos descargando de
un torrent, y luego regresaba a la normalidad después de 20 o 25 minutos". Hace
años que dejó de ser cliente de Comcast, pero sigue indignado por esa política.
"Es como si la compañía telefónica distorsiona las llamadas cuando sus clientes
hablan de asuntos que a la firma no le gustan. Es absurdo".
Lo mismo opina la agencia del Gobierno
que regula las comunicaciones de EE UU, la Federal Communications Commission
(FCC), que en 2008 amonestó verbalmente a Comcast por ralentizar según qué
tráfico. El entonces presidente de la Comisión, Kevin Martin, dijo: "¿A alguien
le agradaría que el servicio de correos abriera su correspondencia y decidiera
que no quiere molestarse en entregarla, devolviéndosela al remitente con la
excusa de no haber encontrado al destinatario?".
Comcast se justificó diciendo que esas
medidas correspondían a una mera "gestión de la red". "La gran mayoría de los
9.000 millones de protocolos de control de transmisión de redes P2P que se dan
en la red de Comcast no se ven afectados por esa medida", explicó Sena
Fitzmaurice, portavoz de la firma. "Sólo entre un 6% y un 7% de nuestros
clientes utilizan P2P semanalmente".
A lo largo de los años, se han creado dos bandos en la batalla por la
neutralidad en Internet. Por un lado, las empresas proveedoras de contenido
online, como Google, Amazon o Skype, apoyadas por la Administración Obama. Por
otro, Comcast y los otros grandes proveedores, como Verizon o AT&T, que
consideran que la infraestructura es suya y pueden hacer lo que quieran.
Hasta los padres fundadores de Internet se significaron, mandando, en octubre,
una carta abierta a la FCC. "Creemos que las propuestas de neutralidad en la Red
de no discriminación y transparencia son componentes imprescindibles de una
agenda de políticas públicas centrada en la innovación que necesita esta
nación", dijeron, entre otros, Vint Cerf, el vicepresidente de Google.
Durante meses, la batalla parecía
favorable a un bando. La neutralidad en la Red se imponía. Hasta tal punto que
el pasado 22 de octubre la FCC presentó sus principios para lograr la
neutralidad total de Internet. Entre sus más novedosas propuestas, tres: que los
proveedores de Internet no puedan impedir que los usuarios compartan información
legal en la Red; que respeten la libre competencia entre proveedores de
contenidos, sin favorecer a unos u otros, y que informen al Gobierno y a sus
clientes de cómo gestionan sus redes.
Obama dijo, días después, que no podía estar más de acuerdo. "Ese es el papel
del Gobierno: invertir para incentivar la innovación e imponer normas de sentido
común que aseguren que existe un campo de juego nivelado".
El ascenso de la neutralidad parecía
inevitable, hasta que el pasado día 6 un juzgado de Washington sentenció que el
Gobierno no tiene derecho a dictar a los proveedores de banda ancha cómo deben
gestionar sus redes, y que FCC se había excedido en sus competencias. Hay un
motivo principal para ello: según la ley de telecomunicaciones de 1996, Internet
es un servicio de información, no de telecomunicaciones. La FCC sólo puede
regular servicios de telecomunicaciones (telefonía, emisión de radio, satélite,
cable coaxial).
Las firmas telefónicas y de cable se
han felicitado por esta victoria legal. Ni el Gobierno ni la FCC han reaccionado
todavía. Los líderes demócratas en el Congreso, sí. Y han anunciado que
intentarán reclasificar Internet y ponerlo en la categoría de la telefonía.
Entre ellos, el senador por Massachusetts, John F. Kerry: "La FCC debe tener
autoridad legal al respecto y un cambio semejante sería coherente con la
historia de las telecomunicaciones en EE UU".
"Más bien al contrario", opina el
investigador asociado a la Facultad de Derecho de la Universidad de Stanford
Larry Downes. "Si el Gobierno gana la capacidad de regular Internet, puede
imponer tarifas y precios, lastrando el mercado. Ese tipo de regulación se
aplicaba el siglo pasado, cuando había un monopolio legal en la telefonía, algo
que sucedió hasta 1984. Además, implica que los Gobiernos estatales y locales
pueden imponer también impuestos y tarifas, haciendo que los servicios se
encarezcan".
"¿Si algo funciona, por qué tocarlo?",
explica Downes. "A pesar de esos casos aislados, Internet funciona de forma
imparcial. Desde nuestras conexiones, podemos acceder a cualquier web del mundo,
siempre que no haya censura. Es anacrónico que el Gobierno federal quiera
erigirse como un policía de la Red, intentando solucionar un problema antes de
que exista".
Por motivos comerciales, lo mismo
opinan los proveedores. En febrero, dos de las grandes operadoras, AT&T y
Verizon, redactaron una carta abierta en la que decían que reclasificar los
servicios de Internet sería una medida "extremista". "Este drástico giro en la
normativa sería insostenible legalmente, y, como mínimo, hundiría a la industria
en años de litigios y caos regulatorio". Era un aviso.
El caso de Comcast es, sin embargo,
aislado. Ese tipo de ralentización o bloqueo de las conexiones sólo ha ocurrido
con otra empresa, Madison River Communications, en 2005. "El riesgo de que una
compañía ralentice el tráfico de sus usuarios está siendo exagerado", opina
Robert Litan, economista y abogado del centro Brookings de Washington. "El
mercado de Internet en EE UU es muy competitivo. Las empresas ofrecen servicios
cada vez mejores por precios cada vez más módicos. Sólo por la mala publicidad
que conlleva, es poco probable que Comcast vuelva a acometer una medida
semejante".
Entonces, ¿es éste un debate meramente
teórico? ¿Es algo que sólo vaya a definir cómo los ciudadanos navegan por la
Red? Los proveedores de conexión y muchos analistas opinan que no, y apuntan
hacia un sector específico que ha abierto el debate y que se beneficiará de una
normativa como la propuesta por Obama: las firmas que ofrecen contenidos, como
Google, Microsoft, Yahoo o Amazon. Puede, dicen, que ese angélico apoyo a la
neutralidad, la libertad, la transparencia en Internet esconda intereses
comerciales.
"Las empresas que crean aplicaciones,
como Google, Amazon o Ebay, son las grandes beneficiarias de la neutralidad",
explica Downes, de Stanford. "Con estas iniciativas, se aseguran, de forma
preventiva, que ganarán la mano a los proveedores de conexión. En realidad
funcionan como un lobby: fuerzan un tipo de legislación para beneficiarse de
ella. Pero lo cierto es que el control gubernamental de la Red sólo perjudicaría
a la competitividad en el mercado. ¿Qué interés tienen las empresas de cable y
telefonía en mejorar las infraestructuras si no pueden obtener un beneficio
adicional por ello?". Es decir, si Google y otros pagan por usar la Red, Comcast
y Telefónica tendrán más incentivos para mejorar sus infraestructuras,
beneficiando finalmente al usuario.
Las organizaciones ciudadanas que
abogan por la imposición de una neutralidad lo hacen citando otras posibles
consecuencias. "Entendemos que las empresas quieran hacer dinero", explica Liz
Rose, portavoz de Free Press, que demandó a Comcast en 2007, por el caso que
ahora se ha fallado en Washington. "Lo que queremos es que los consumidores
tengan derechos. Ninguna empresa telefónica o de cable debería censurar lo que
los internautas comunican a sus amigos. Según están las cosas hoy, puede
hacerlo. Comcast no debería ser capaz de censurar creencias políticas en la Red
y lo es. No debería ser capaz espiar las comunicaciones de sus usuarios y vender
la información a empresas publicitarias".
La mención de la publicidad no es
casual. Y puede que, eventualmente, el debate de la neutralidad en la Red se
centre en los ingresos por publicidad. Comcast está en una posición
comprometida. En diciembre, General Electric anunció su intención de venderle
parte del conglomerado multimedia NBC. Eso significa que la mayor operadora de
cable del país dispondrá también de una gran plataforma de contenidos que
incluye cadenas televisivas como NBC, Bravo o SyFy.
Con esto, si Comcast decide priorizar
un tráfico en sus redes sobre otro, y si tiene el derecho de hacerlo, ¿quién le
impide hacer que el contenido de sus canales y sus web se cargue más rápido que
las de la competencia y obtener más ingresos por publicidad?
En este delicado equilibrio que es la
arquitectura comercial de la Red, el concepto de neutralidad es tan complejo
como cambiante. Dice servir a los ciudadanos, pero no es un asunto,
exclusivamente, de libertades civiles. Se apoya en unos intereses económicos
subyacentes. En medio de la polémica, EE UU puede erigirse como un paradigma de
intervención gubernamental, algo que no sucede muy a menudo.
Fuente : Elpais.com