Destacar que una detección a tiempo se
traduce en una muy alta seguridad de curación del cáncer de próstata, supone una
clara inducción al cribado mediante la prueba del antígeno específico prostático
(PSA). Esto puede contribuir a incrementar un grave problema de salud pública
por la proporción de falsos positivos que derivan en la práctica de biopsias
innecesarias, cuyo riesgo de complicaciones no es, en absoluto, despreciable
Madrid, 17 de septiembre 2010 (medicosypacientes.com)
Con
relación a la noticia difundida el pasado 15 de septiembre por el Círculo de
Braquiterapia Prostática (CBP), con motivo de la celebración del “Día Europeo de
la Salud Prostàtica”, y que fue recogida por diversos medios de comunicación,
entre ellos “Médicos y Pacientes”, el Dr. Andreu Segura, del Área de Salud
Pública del Instituto de Estudios de la Salud (IES) y el Departamento de
Ciencias Experimentales y de la Salud (UPF), ha alertado que dicha información
puede confundir a los lectores en los términos en que esta se había divulgado.
Por este motivo, “Médicos y
Pacientes” traslada a sus lectores el siguiente escrito remitido por el Dr.
Andreu Segura:
El diagnóstico precoz del cáncer de
próstata y la caja de Pandora
“Lo sustantivo de la innovación que se
comenta es que la opción terapéutica provoca menos efectos adversos que las que
se empleaban con anterioridad, si bien sus complicaciones siguen siendo
importantes. Por otro lado al destacar que la curación del cáncer de próstata
aumenta en un 90% con una detección a tiempo, supone una clara inducción al
cribado mediante la prueba del antígeno específico prostático (PSA) lo que puede
contribuir a incrementar el grave problema de salud pública debido a la
proporción de falsos positivos que deriva en la práctica de biopsias
innecesarias cuyo riesgo de complicaciones no es, en absoluto, despreciable.
Pero todavía peor es la gran cantidad
de verdaderos positivos clínicamente irrelevantes que se obtienen, porque no
solo conducen a biopsias sino también al tratamiento precoz ya que no sabemos
distinguir entre las lesiones que permanecerán latentes toda la vida de las que
evolucionaran a la enfermedad, afortunadamente una minoría.
Richard Ablin, el diseñador del test
de la PSA en 1970, escribía el pasado 9 de marzo en The New York Times que “(…)
la popularidad de la prueba ha conducido a un oneroso desastre de salud pública
en Estados Unidos donde solo en el test de cribado se gastan más de tres mil
millones de dólares anuales (…) que ha llevado a que la probabilidad de un varón
americano de ser diagnosticado de cáncer de próstata a lo largo de su vida sea
de un 16% ( uno de cada seis) mientras que la de morir por esa causa es del 3%
(…) y que por cada cáncer que se consigue tratar precozmente, cuarenta y siete
personas padecerán incontinencia urinaria y trastornos sexuales sin ningún
beneficio”.
El impacto global que la prevención
secundaria del cáncer de próstata ha tenido no puede considerarse satisfactorio.
Como señalaba un artículo de Esserman y cols* en JAMA, mientras que se ha
multiplicado el número de nuevos cánceres diagnosticados y tratados -la mayoría
de ellos de baja malignidad- el número de cánceres invasivos diagnosticados y
tratados no ha experimentado mucha variación, de manera que el precio por
conseguir tratar adecuadamente unos pocos pacientes más ha sido una sobrecarga
asistencial notable, con multitud de exploraciones y de tratamientos
innecesariamente agresivos. Debe pues repensarse la prevención del cáncer de
próstata”.
Andreu Segura
Area de Salud Pública del Institut d’Estudis de la Salut (IES)
Dept. Ciencies Experimentals i de la Salut (UPF)