El observatorio
ALMA abre los ojos
El nuevo
radiotelescopio internacional en Chile arranca con 112 investigaciones
XAVIER BARCONS 05/10/2011

Primeras dos antenas de ALMA
unidas para formar un interferómetro.
Se podría pensar que el cielo lo pueblan únicamente
estrellas, planetas, galaxias y otros astros que podemos ver en una noche
despejada. Pero dejando a un lado las muy populares materia oscura y energía
oscura cuya naturaleza desconocemos, la materia ordinaria (como átomos,
moléculas o iones) del universo se encuentra mayoritariamente difuminada entre
los astros visibles. Parte de este gas está muy frío, en forma de moléculas, y
es la materia prima de la que se acabarán formando las estrellas y los
planetas. Estas frías nubes de gas molecular esconden en su interior las
nacientes estrellas y discos protoplanetarios a resguardo de la incisiva mirada
de los telescopios ópticos convencionales, por potentes que estos sean.
El
conjunto de 66 antenas se ha diseñado para ver el universo frío
La
infraestructura está ubicada a 5.100 metros de altura
España
participa en este programa desde antes de su nacimiento
De los
primeros proyectos de trabajo, 35 son europeos
Afortunadamente estas frías moléculas se pueden ver cuando
se observan en ondas milimétricas y submilimétricas. Esta forma de radiación,
de longitud de onda más corta que las ondas de radio pero mucho más larga que
la luz visible, nos permite descubrir los secretos que guardan en su interior
las nubes moleculares de nuestra galaxia y las galaxias más primitivas y
distantes en el universo. La detección de esta radiación necesita de
radiotelescopios de precisión exquisita, receptores avanzados y de lugares
secos. Un ejemplo es IRAM, cuyos radiotelescopios se encuentran en Plateau de
Bure (en los Alpes) y en Pico Veleta, y en los que participa España.
Pero la gran apuesta de futuro es ALMA. El Atacama
Large Millimetre/Submillimetre Array es un observatorio astronómico
diseñado para poder estudiar el universo frío, observando en ondas milimétricas
y submilimétricas, muchísimo más potente que cualquiera de sus predecesores. Se
trata de una infraestructura única y global, fruto de la cooperación entre 20
países en tres continentes: Europa, representada por el Observatorio Europeo
Austral (ESO), Norteamérica (EE UU y Canadá) y Este de Asia (Japón y Taiwan),
además de Chile. ALMA está instalándose en uno de los lugares más secos del
mundo, el Llano de Chajnantor (Chile), a 5.100 metros de altura. El
observatorio constará de 66 antenas que podrán ubicarse a lo largo y ancho de
Chajnantor (varios kilómetros), movidas por unos enormes transportadores
diseñados y construidos específicamente al efecto. En el caso óptimo, el nuevo
observatorio llegará a una nitidez en las imágenes muy superior a la del
telescopio espacial Hubble y podrá detectar el gas molecular en las más
lejanas galaxias jamás vistas por los astrónomos.
En ALMA todo está en la frontera del conocimiento y la
tecnología. Para empezar, el trabajo a 5.000 metros de altura, donde solo hay
la mitad de aire que a nivel del mar, es ya un reto en sí mismo. Los turnos de
trabajo son allí más cortos, las botellas de oxígeno habituales, y las
temperaturas de 10 o 20 grados bajo cero combinadas con vientos de más de 100
kilómetros por hora, habituales. Los receptores, los sistemas donde se mezclan
las señales recogidas por las antenas para obtener imágenes y espectros
astronómicos, los cables y hasta la estructura de las propias antenas son
productos de última generación fabricados en Europa, América y Asia.
Pero ALMA es también una impresionante mezcla de gentes y
culturas, con muy diferentes costumbres y hábitos, en un lugar absolutamente
fascinante alrededor de un proyecto pionero. Americanos, asiáticos y europeos
han sido capaces de crear una única ALMA (Joint ALMA Office JAO), una
estructura que construye y opera el observatorio por cuenta de sus socios. Nada
de esto ha sido fácil, pero funciona. Sin duda el nuevo observatorio será un referente
para otros proyectos científicos a escala mundial.
España ha estado presente en el ALMA desde antes de su
nacimiento, gracias a una comunidad de radioastrónomos de probada excelencia
científica y con mucho empeño. Los promotores del radiotelescopio consiguieron
que, en el año 2003, los Ministerios de Ciencia y de Fomento firmaran un
acuerdo bilateral con el ESO para contribuir a la construcción de ALMA. En 2006
España entró a formar parte de ESO ampliando el abanico de posibilidades para
nuestra participación en el proyecto. Gracias al apoyo de los sucesivos
ministerios de ciencia desde entonces, de una industria española bien
capacitada y del empuje de los investigadores, se ha conseguido que España
tenga una participación que sobresale por todos los extremos de ALMA. Por
ejemplo, la estructura de acero de las 25 antenas aportadas por ESO está hecha
en Asturias, como lo están las placas de precisión micrométrica sobre las que
se asientan las 66 antenas. Amplificadores de bajo ruido dentro de cada una de
las antenas se han diseñado en Yebes y fabricado en Cantabria. Investigadores
del CSIC han aportado sus conocimientos para entender cómo se propagan estas
radiaciones en la atmósfera, algo clave para las observaciones. ALMA está
plagado de tecnología española, como pudo comprobar la ministra de Ciencia e
Innovación, Cristina Garmendia, cuando visitó la instalación en agosto de este
año.
El pasado viernes, ALMA realizó las observaciones
astronómicas iniciales correspondientes a uno de los 112 primeros proyectos de
investigación que va a abordar durante los próximos nueve meses. Investigadores
de todo el mundo propusieron más de 900 proyectos para realizar con esta
primera versión del radiotelescopio, que aún estando limitada a las primeras 16
antenas, es ya el radiotelescopio de ondas milimétricas más potente del mundo.
Un comité de expertos seleccionó en agosto ese centenar largo de proyectos
punteros en base a su excelencia científica. A Europa le han correspondido 35,
de acuerdo con el reparto acordado con los demás socios. Cinco de ellos los han
obtenido por su excelencia científica equipos liderados por investigadores
españoles, convirtiendo a nuestro país en el que más tiempo de observación de
ALMA va a recibir en Europa durante esta primera fase. Algo para celebrar con
ellos y sus equipos, con los que promovieron y han apoyado la participación
española en este programa y en el ESO durante todos estos años, y con los
investigadores que sin duda obtendrán observaciones en los próximos 30 años de
vida que se le auguran a ALMA.
Fuente: El pais.com