El proyecto EuroGENESIS pretende
ahondar en la historia de las especies químicas, desde el Big Bang a nuestros
días
JORDI JOSÉ 22/06/2010
Desde un minúsculo grano de arena a un cúmulo de galaxias, el Universo (con
permiso de la materia y la energía oscuras) rebosa de materia formada por
átomos. Existen 93 variedades atómicas en forma natural, a las que hay que sumar
dos docenas de especies sintetizadas artificialmente en el laboratorio.
Sin embargo, no todas ellas presentan
la misma abundancia: hidrógeno y helio son, con diferencia, las dos especies
dominantes; el resto se agrupa en una caprichosa distribución irregular de
abundancias que tiende a disminuir al considerar núcleos más y más pesados.
De hecho, las causas del predominio de
unas especies sobre otras y del perfil específico de las abundancias químicas
observadas en el universo han dado lugar a acaloradas discusiones y desaforadas
conjeturas.

Detector DRAGON del laboratorio TRIUMF, en
Vancouver (Canadá), uno de los centros de astrofísica nuclear experimental
participantes en el proyecto EuroGENESIS.- TRIUMF LABORATORY
Debemos nuestra propia existencia a
una improbable combinación de factores, entre otros la existencia de las
estrellas
Alquimia estelar
Cinco décadas después del
descubrimiento de la radiactividad, los físicos Ralph Alpher, Hans Bethe y
George Gamow propusieron que, en las extraordinarias condiciones que imperaban
poco después de la explosión inicial (Big Bang), el Universo primitivo devino un
verdadero horno en el que se cocinó la totalidad de la tabla periódica de los
elementos.
Sin embargo, estudios posteriores,
corroborados por medidas de abundancias en estrellas muy viejas, han permitido
entrever que el Universo primitivo era químicamente muy pobre: la síntesis de
elementos durante las primeras etapas del Universo (la llamada nucleosíntesis
primordial) se limitó a un puñado de especies ligeras: dos isótopos de hidrógeno
(protio y deuterio), helio (helio-3 y helio-4) y litio (litio-7), producidos a
temperaturas cercanas a los 10 elevado a nueve grados Kelvin, entre 200 y 1.000
segundos después de la explosión.
El resto de especies químicas, desde
el hierro presente en nuestra sangre al calcio de nuestros huesos, pasando por
el silicio de los chips de ordenador, tuvo que esperar a la gestación de las
primeras estrellas, unos 180 millones de años después.
Las estrellas constituyen verdaderas
factorías de transformación nuclear, crisoles donde la materia primordial se
forja en núcleos más y más complejos. Mediante episodios más o menos explosivos,
las estrellas retornan parte de este material procesado termonuclearmente al
medio interestelar; materia en la que, cual ave fénix, volverán a gestarse
nuevas generaciones de estrellas, enriquecidas progresivamente en materiales más
pesados que el hidrógeno y el helio. Sin el concurso de los procesos nucleares
que tienen lugar en las estrellas no habrían aparecido jamás las moléculas de la
vida. De hecho, debemos nuestra propia existencia a una improbable combinación
de factores, entre otros a la existencia de las estrellas.
EuroGENESIS y el origen de las especies
Si en 1859 Charles Darwin publicaba su
famoso tratado El origen de las especies, obra fundacional de la moderna
biología evolutiva; un siglo después, en 1957, veían la luz dos trabajos
pioneros sobre el origen de las especies químicas, publicados por E.M. Burbidge
y colaboradores, y por A.G.W. Cameron.
Una iniciativa reciente que persigue
arrojar luz en este campo, recogiendo el testigo de una miríada de esfuerzos
anteriores, es el ambicioso proyecto EuroGENESIS .
A través de un enfoque
multidisciplinar y transnacional, este proyecto pretende ahondar en el origen de
los elementos, a lo largo de los distintos episodios que configuran la historia
nuclear del Universo, desde el Big Bang a nuestros días.
Pretende también dar respuesta a cómo
la materia presente en el cosmos, formada por estos mismos elementos, ha
devenido compleja, hasta el punto de hacer posible la emergencia de la vida.
Seleccionado en los prestigiosos
proyectos competitivos EUROCORES de la European Science Foundation (ESF),
EuroGENESIS nace con el objetivo de integrar, por primera vez, astrofísicos
teóricos especialistas en la modelización de estrellas por ordenador; astrónomos
observacionales que determinan las abundancias químicas del universo mediante
telescopios terrestres y espaciales (o a partir de medidas de granos
meteoríticos en el laboratorio); cosmoquímicos que estudian cómo se asocia la
materia en el espacio hasta formar sólidos y eventualmente planetas capaces de
albergar formas de vida; y físicos nucleares que proporcionan la información
básica sobre el tipo de transmutaciones nucleares que se producen en las
estrellas mediante esfuerzos experimentales y teóricos. EuroGENESIS, con un
presupuesto de 2,5 millones de euros, agrupa varios centenares de especialistas
de 16 países, a través de la participación de 29 centros de investigación, tan
prestigiosos como el Instituto de Astrofísica de París, la Universidad de
Washington (St. Louis, EE UU), tres institutos Max Planck, la Academia de
Ciencias de Rusia o el laboratorio TRIUMF, en Vancouver (Canadá). España
participa a través de cuatro instituciones: la Universidad Politécnica de
Cataluña , el Instituto de Estudios Espaciales (CSIC, Bellaterra), el Instituto
de Estructura de la Materia (CSIC, Madrid) y la Universidad de Huelva.
Cataclismos estelares
Un ejemplo ilustrativo del tipo de
investigación multidisciplinar que se persigue lo brindan las novas clásicas,
titánicas explosiones termonucleares de naturaleza estelar cuya teórica emisión
gamma no ha sido nunca confirmada. De hecho, la detección de dicha emisión
constituye un objetivo de misiones espaciales como Integral, de la ESA. Una de
las señales gamma predichas por los modelos guarda relación con la
desintegración del flúor-18 sintetizado en tales explosiones.
Pero la detección de la
correspondiente emisión gamma topa con un serio obstáculo: el desconocimiento
del ritmo de destrucción de flúor-18 mediante colisiones con protones, cuya
caracterización requiere complicados experimentos de física nuclear. Un mayor
conocimiento de esta reacción no sólo mejoraría las predicciones teóricas de la
emisión gamma de las novas sino que ayudaría también a esclarecer el origen de
ciertas anomalías halladas en granos meteoríticos.
Este y otros desafíos de la
astrofísica moderna sólo serán posibles a través de programas multidisciplinares
como EuroGENESIS, que aboguen por combinar esfuerzos en la frontera de la
investigación en astrofísica computacional, cosmoquímica, astronomía
observacional y física nuclear.
Jordi José es investigador en la Universidad Politécnica de Cataluña y
coordinador del proyecto EuroGENESIS
Fuente: Elpais.com