JUAN LUIS ARSUAGA 21/11/2010
El
antropólogo molecular Morris Goodman falleció el 14 de noviembre en su casa de
Detroit (EE UU). Pese a sus 86 años de edad permanecía muy activo
científicamente. En el año 1962, hace casi medio siglo, se celebró en un
castillo austriaco una reunión científica organizada por la Fundación Wenner
Gren sobre evolución y clasificación humana que resultó, con el paso del tiempo,
histórica.
Tres trabajos de investigación
independientes demostraban el gran parentesco evolutivo entre los chimpancés,
los gorilas y la especie humana. Ninguno de sus autores era paleontólogo, sino
que todos trataban con especies vivas. Un estudio cotejaba cromosomas, otro
hemoglobinas y el de Morris Goodman, proteínas de la sangre. Pero Goodman tiene
la prioridad porque había dado a conocer sus resultados un año antes.
El tiempo les ha dado la razón a estos
osados investigadores, que manejaban unas técnicas entonces vanguardistas. El
máximo especialista que ha habido nunca en primates, el suizo Adolph H. Schultz,
estaba presente en la reunión y se negó a aceptar las revolucionarias propuestas
de Goodman y de los otros. La anatomía clásica dice lo contrario, sostuvo con
determinación: el hombre queda a un lado y todos los grandes simios al otro
lado. "Tal evidencia -Schultz se refería a la semejanza del hombre y los
chimpancés y gorilas- aunque de gran interés, está más que contrapesada por la
masa de profundas diferencias encontradas en toda clase de caracteres de
reconocida solvencia".
Y es que antes de esos descubrimientos
moleculares y citogenéticos se pensaba que los grandes simios (chimpancés,
gorilas y orangutanes) formaban un grupo evolutivo propio (el de los póngidos) y
que los humanos pertenecíamos a otro (el de los homínidos). El antepasado común
del grupo de los grandes simios y del ser humano tenía que ser muy antiguo. Eso
nos distanciaba de los antropomorfos, que aparecían como parientes lejanos.
Muchos se sentían así tranquilizados. Pero los nuevos hallazgos de laboratorio
que se presentaron en la reunión del año 1962 indicaban que, por el contrario,
nosotros pertenecemos de lleno al grupo de los grandes simios africanos. Somos
simios africanos. En otras palabras, los humanos estamos más emparentados con
chimpancés y gorilas de lo que estos lo están con los orangutanes asiáticos.
Ni Darwin se atrevió
Ni siquiera Charles Darwin se había
atrevido a tanto, pese a que tal vez lo pensaba. Si bien dejó escrito que
nuestro origen estaba en África y que los monos más parecidos a nosotros son los
chimpancés y los gorilas, a la hora de clasificarnos prefería colocarnos aparte.
En el año 1924, Raymond Dart descubrió
en Sudáfrica el primer australopiteco y dijo que era nuestro antepasado. Algunos
le creyeron, otros no, pero cuando a mediados del siglo XX se reconoció que los
australopitecos eran de los nuestros, pese a su aspecto primitivo y cercano en
muchos rasgos a los chimpancés, los homínidos se seguían clasificando solos.
Morris Goodman nació en 1925 en una
familia judía de Milwaukee, Wisconsin. Participó en la II Guerra Mundial siendo
muy joven. Formaba parte de la tripulación de un bombardero, como navegante de
vuelo, cuando fue derribado sobre Berlín. Afortunadamente, pudieron tomar tierra
en territorio ya ocupado por los soviéticos. El profesor Goodman trabajó 52 años
en la Facultad de Medicina de la Wayne State University de Detroit (Michigan),
era miembro de la Academia Americana de las Ciencias (sección de Antropología) y
recibió el Premio Charles R. Darwin de la Asociación Americana de Antropólogos
Físicos. Se le considera uno de los fundadores del campo de la filogenia
molecular, que reconstruye las relaciones evolutivas entre especies basándose en
las semejanzas de las proteínas y del ADN.
Goodman significa en inglés buena
persona y Morris supo hacer honor a su nombre. En lugar de flores, sus
familiares ruegan que se envíen donativos a la Cátedra de Antropología Molecular
de la Wayne State University que lleva su nombre y el de su difunta e
inseparable esposa.
Juan Luis Arsuaga es catedrático de
Paleontología de la Universidad Complutense de Madrid y director del Centro de
Evolución y Comportamiento Humanos (UCM-ISCIII).
Fuente: El pais.com