JULIO M. LÁZARO - Madrid - 21/09/2009
Van a por el superjuez y además quieren que se note. La Sala
Penal del Tribunal Supremo ya ha pronunciado su delenda est
Garzón. La reapertura de la investigación sobre las
remuneraciones del juez en Nueva York, archivada tres veces,
una por la propia Sala Penal, no deja lugar a dudas. Ya no
se trata de un par de avisos. Nunca antes la Sala de lo
Penal había machacado así a un juez, tramitando contra él
querellas en cadena. Baltasar Garzón, el magistrado de la
Audiencia Nacional que ha enviado a prisión a más de un
millar de etarras, que retiró de la circulación a los GAL y
ordenó la prisión de Pinochet, puede acabar los próximos
días en el banquillo por querer investigar el franquismo.
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Baltasar Garzón Real
A FONDO
Nacimiento:
26-10-1955
Lugar: Torres
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Luciano Varela tiene en sus manos llevar a juicio al
magistrado
Si finalmente es encausado, el Poder Judicial le
suspenderá
Varela investigó las remuneraciones de Garzón en Nueva
York y no vio delito
El proceso al franquismo le restó apoyos del Gobierno y la
Judicatura
El magistrado instructor del Supremo, Luciano Varela, es
quien tiene en sus manos el futuro de Garzón. Cuando era
juez de instrucción de Pontevedra en 1985, Varela condenó a
un funcionario que consideraba que el derecho de huelga era
"contrario a los Principios Fundamentales del Movimiento".
De ahí a convertirse en el posible aliado del franquismo
residual para sentar en el banquillo al juez que intentó
investigar los crímenes de Franco median 25 años de
magistrado, una trayectoria de radicalismo izquierdista y un
ego tan desmedido como el de su famoso imputado, el juez
Baltasar Garzón.
Fundador y líder de primera hora de Jueces para la
Democracia (JpD), Luciano Varela fue pronto conocido entre
sus compañeros como O guerrilleiro, por la radicalidad de
sus posiciones. Eran los años ochenta y en los congresos de
JpD, Varela acusaba al entonces Gobierno de Felipe González
(PSOE) de "no defender los principios y garantías
constitucionales", o tildaba al Consejo del Poder Judicial
de ser proclive a "desencadenar los mecanismos
disciplinarios". En alguno de sus informes se pasó tanto de
rosca que ni siquiera los sometieron a votación.
Pese a su crítica a los "mecanismos disciplinarios", salió
bastante bien librado en las ocasiones en que pasó por el
Poder Judicial. Por ejemplo, en 1990, cuando fue denunciado
por el fiscal de Galicia por menospreciar a los fiscales en
sus sentencias. Varela les criticaba por su "falta de
seriedad de la acusación", les reprochaba "serias faltas de
calidad jurídica" o les atribuía "una sorprendente inercia
burocrática". El Poder Judicial apenas le dio un ligero
tirón de orejas por "criticar gratuitamente" la actuación de
los fiscales. Tampoco es que los fiscales tengan mejor
opinión de él: "Es muy dictadorcito", aseguran los del
Supremo.
Que se sepa, Luciano Varela y Baltasar Garzón sólo han
tenido un punto de contacto en toda su carrera. En 1989, un
recluso de la prisión de Pontevedra, Ricardo Portabales,
denunció que su cabeza tenía precio. Sus revelaciones sobre
el narcotráfico al juez Luciano Varela habían trascendido a
la opinión pública. Portabales fue trasladado a la Audiencia
Nacional, donde Garzón constató su credibilidad, le dio el
estatus de arrepentido, y preparó el más célebre operativo
antidroga practicado nunca en España: la Operación Nécora. A
partir de entonces, los integrantes del clan de los
Charlines, y capos como Oubiña o Sito Miñanco cobraron
dimensión nacional e hicieron correr ríos de tinta. Garzón
se colgó todas las medallas y reforzó su dimensión estelar
como superjuez, no sólo antiterrorista, sino también como
azote del narcotráfico.
Ninguna de las fuentes consultadas, sin embargo, sitúan en
este episodio la inquina de Varela por el juez al que ahora
puede sentar en el banquillo. Garzón y sus métodos
expeditivos nunca han gozado de simpatía en un amplio sector
de la judicatura progresista. Pero, bien porque Garzón
andaba entonces en operaciones anti-GAL, bien por la
dificultad de criticar abiertamente sus operaciones
antidroga o contra ETA, el malestar se iba aposentando o
expresándose sólo a través de difusas críticas a los jueces
estrella.
Amigo de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la
Vega, Varela intentó en varias ocasiones acceder al Supremo,
pero debido al veto de vocales afines al PP, no lo consiguió
hasta enero de 2007. En la carrera está considerado como un
hombre de la vicepresidenta.
Y es por ahí por donde todas las fuentes consultadas sitúan
el origen de la operación contra Garzón. No es que el
Gobierno en pleno esté contra el magistrado, pero un
influyente sector del mismo, que cuenta con antenas en el
Poder Judicial y en el Supremo, fue el que urdió la
operación para impedir su acceso a la presidencia de la
Audiencia Nacional, en la que Varela fue decisivo.
Siempre en el ojo del huracán, el superjuez no tuvo
problemas mientras fue evidente que levantaba el pie durante
el proceso de negociación con ETA. Pero rotas las
negociaciones, exasperó al Supremo al adelantarse con la
suspensión de actividades de ANV. Y el que se considera su
definitivo error fue la apertura del proceso al franquismo,
que al poner en evidencia las carencias de la Ley de Memoria
Histórica, le restó muchos apoyos en el Ejecutivo y en la
Judicatura, le enfrentó a la Fiscalía y le puso enfrente a
toda la derecha española. La instrucción del caso Gürtel
alimentó la presión con las sañudas quejas del PP contra
Garzón por investigar la trama corrupta en la que
aparecieron implicados altos cargos del partido.
En junio de 2008, Varela fue designado ponente de una
querella montada a partir de un libro de investigación que
atribuía a Garzón haber cobrado 1,7 millones de dólares por
sus actividades docentes en Nueva York, como
contraprestación por el archivo de una querella contra el
presidente del Grupo Santander, Emilio Botín. La querella
era tan burda y las cantidades estaban tan infladas que
Varela tuvo que rechazar los delitos de prevaricación y
cohecho. Pero en vez de detenerse ahí, buceó sinuosamente
entre las remuneraciones de Garzón como profesor invitado de
la Universidad de Nueva York y dio traslado al Poder
Judicial, apuntando que Garzón habría incurrido en "falta
muy grave" al no notificar al Poder Judicial que iba a
percibir una "nómina". Una falta que podría haberle costado
la suspensión de funciones.
Fue el primer intento en toda regla de liquidar al superjuez,
que sólo prosperó parcialmente. El Poder Judicial archivó
todas las denuncias y dio por buenas las remuneraciones de
Garzón. Pero para entonces, en medio de la algarabía, Garzón
había quedado apartado de la carrera para presidir la
Audiencia Nacional. Después de dos archivos del Poder
Judicial y otro de Varela, ahora la propia Sala ha reabierto
la investigación.
El otro extremo de la tenaza lo sostiene el magistrado
Adolfo Prego, ponente en la admisión de la querella del
pseudosindicato ultraderechista Manos Limpias contra Garzón
por su investigación del franquismo. Durante su etapa como
consejero del Poder Judicial fue el principal artífice de
los nombramientos de al menos media docena de sus compañeros
conservadores. Ahora los lidera con comodidad, mientras se
perfila como posible candidato al Tribunal Constitucional.
El PP busca un penalista que cumpla el mismo papel que el
fallecido Roberto García Calvo y Prego cuenta con el mejor
perfil para el cargo. Y más desde que admitió la querella de
los franquistas contra Garzón, que el PP festejó
enardecidamente.
Aunque Prego ya dejó en el Poder Judicial constancia de sus
posiciones ultraconservadoras, fue la admisión de la
querella contra Garzón la que proyectó a la luz pública su
vinculación con la Fundación para la Defensa de la Nación
Española (Denaes), de la que es patrono de honor, entidad
que ha compartido con Manos Limpias iniciativas políticas
contra el Gobierno, una común animadversión por el juez
Baltasar Garzón y una oposición radical a la Ley de Memoria
Histórica y a los procesos de localización de fosas de
asesinados en la Guerra Civil.
Su reconocida capacidad de maniobra -fuentes judiciales le
definen como "encantador de serpientes"- le ha procurado una
suerte de alianza con su oponente ideológico, Luciano
Varela, en la operación de derribo de Garzón. La querella de
Manos Limpias ya concitó la unanimidad de cuatro magistrados
conservadores y tres progresistas en el trámite de admisión.
Ahora se han sumado otros tres jueces conservadores para
reabrir el asunto de Nueva York, lo que da idea de que la
Sala casi al completo respalda la operación.
A partir de esta semana, Luciano Varela es quien tiene que
tomar la decisión de archivar la querella de Manos Limpias o
sentar a Garzón en el banquillo. Si éste es procesado, el
Poder Judicial seguramente le suspenderá en sus funciones
judiciales. Fuentes judiciales creen que esto es sólo el
principio y que a las querellas de Manos Limpias podrían
sumarse otras en curso, para vestir mejor la suspensión de
funciones. Sea cual sea la decisión de Varela, los síntomas
no dejan lugar a dudas: en el Supremo el vaso se ha
desbordado y si no es esta vez, será la siguiente.