El falso mito de la
astenia primaveral
El cambio de estación no es una
enfermedad ni requiere medicación. Si nos produce decaimiento es porque el
cuerpo se está adaptando a la nueva temperatura, horario y humedad
MÓNICA L. FERRADO 08/04/2011
Vitaminas,
jalea real, ginseng y otros compuestos. En primavera (igual que en otoño) cobran
protagonismo en las estanterías de farmacias y otros comercios. Aprovechan la
fama de que el cambio de estación hace que nos sintamos decaídos y necesitemos
la ayuda de estimulantes. Pero los especialistas coinciden: ni la astenia
primaveral está respaldada por ninguna evidencia científica, ni atiborrarse de
vitaminas resulta necesario a no ser que el médico lo indique.
Los trastornos por el ajuste al
reloj solar duran dos semanas
Mucha gente toma vitaminas y se
siente bien, pero es puro placebo
El paso al verano no causa
depresión, pero puede precipitarla
De hecho, la mayoría de médicos duda de la existencia de la astenia primaveral.
"No es una enfermedad, no hay que ir al médico ni tomar nada. Hay gente que dice
sentirse algo fatigada y desmotivada, pero no hay ningún estudio científico que
demuestre su relación con la primavera", afirma Víctor Navarro, psiquiatra del
hospital Clínico de Barcelona. Coincide con él Francisco Camaralles, médico de
familia en Madrid y miembro de la Sociedad Española de Medicina Familiar y
Comunitaria (SEMFyC): "Dudo de que exista como entidad clínica, igual que
también dudo de que exista el síndrome posvacacional. Cierto que uno puede
sentirse decaído, pero en todo caso no se trataría de una enfermedad; como
mucho, un trastorno temporal por el cambio de horario o el aumento de la
temperatura", afirma Camarelles.
Los síntomas de la astenia son fatiga
generalizada, somnolencia diurna, desmotivación, dificultad de concentración,
aturdimiento, irritabilidad, falta de apetito y disminución de la libido. "La
astenia es un motivo de consulta durante todo el año. Y se puede deber a muchas
cosas: a una anemia, al efecto de un medicamento o a temas más graves. En
primavera no se tiene más", añade.
De existir tal apatía, ¿a qué podría achacarse? Algunos explican la astenia por
una disminución de las endorfinas, la llamada hormona de la felicidad, aunque no
hay estudios que demuestren una correlación. Lo más viable es que la fatiga se
deba a que nuestro cuerpo debe adaptarse a las nuevas condiciones de luminosidad
y de temperatura, a lo que hay que añadir cambios en la humedad y la presión
atmosférica.
Contribuye también el cambio horario,
que supone dormir una hora menos, desplazar la hora de las comidas, del trabajo
y otras actividades. Quienes más notan el cambio de hora son los niños y los
ancianos. Pero en todo caso, la fatiga que conlleva y el malestar anímico
asociado sería un trastorno temporal que no duraría un máximo de dos semanas.
Hay personas que se adaptan más rápidamente que otras.
El aumento de la temperatura en una
época en la que aún no se ha realizado el cambio de armario y se llevan atuendos
invernales también puede sumar. Pero de ahí a relacionar esa sensación general
con alguna patología hay una distancia enorme. "La percepción sobre la propia
salud depende de cada persona", afirma Camarelles. Hay quien se siente
francamente débil ante la somnolencia ocasionada por el cambio horario. Hay
quien se siente estimulado ante la luminosidad de las mañanas primaverales.
Nuestro reloj biológico está
programado para funcionar según estímulos que recibe del exterior. La luz es uno
de los elementos básicos, y los cambios en las horas en que un individuo
disfruta de más luz natural influyen en su salud. En los países con pocas horas
de luz la incidencia de la depresión es mayor. Hay personas especialmente
sensibles a las que la llegada del otoño y la reducción de las horas de luz les
influye. Es el llamado síndrome estacional, que afecta a un 15% de la población
en mayor o menor intensidad.
En países con cambios muy marcados entre los periodos largos y cortos de luz,
como ocurre en Finlandia e Islandia, la prevalencia es aún más elevada. El
tratamiento más efectivo consiste en una hora y media diaria ante una lámpara
especial a unos 40 centímetros. La luz inhibe la producción de la melatonina, la
hormona que nos hace dormir, y así alivia el estado letárgico. En muchos casos
este tratamiento es suficiente.
Habitualmente, el aumento estacional
de las horas de luz se traduce en mayor bienestar. "La luz nos estimula; en
muchas especies animales y plantas está relacionada con un aumento de la
vitalidad, necesaria para la reproducción, el acopio de comida, etcétera",
explica Juan Antonio Madrid, especialista en cronobiología de la Universidad de
Murcia.
De hecho, la luz es un auténtico
sincronizador de todos los ciclos que ocurren en nuestro cuerpo. Unas células
especializadas que están en la retina se encargan de enviar información a una
zona del cerebro que alberga el reloj que pone en hora los procesos que ocurren
en nuestro cuerpo. Es el núcleo supraquiasmático, que se encuentra en el
hipotálamo.
Así se desencadena una serie de cambios químicos que afectan sobre todo a la
glándula pineal, que hacen que se libere serotonina, conocida como la hormona de
la felicidad, mientras que se suprime la producción de melatonina, la hormona
que controla la duración y el ritmo del sueño.
¿Quién la sufre?
La combinación de la llegada de la
primavera con otras patologías sí que puede llegar a ser un cóctel que conduzca
al desánimo. La que más, la alergia al polen. Entre un 20% y un 25% de la
población sufre rinitis alérgica, según datos de la Sociedad Española de
Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). La inflamación que provoca no solo se
traduce en un malestar general que puede hacer que se duerma mal, que se esté
más irritable y, en definitiva, que se sienta más fatiga y desmotivación.
Algunas investigaciones apuntan a que
la propia reacción alérgica y el proceso inflamatorio que implica podrían
incidir al mismo tiempo en la producción de algunos neurotransmisores. "Algunas
hipótesis indican una relación entre el sistema inmune y la producción de la
serotonina", explica José María Martínez Selva, catedrático de psicobiología de
la Universidad de Murcia.
Las alteraciones ocurrirían en personas predispuestas, indica Selva. "También es
cierto que algunos tratamientos contra la alergia podrían reforzar los
sentimientos depresivos", añade.
Algunas enfermedades mentales tienen
también un componente estacional, aunque los estudios que se han realizado hasta
ahora tampoco dejan muy clara la relación causa-efecto, apunta Selva. En los
trastornos afectivos, como el trastorno bipolar o las depresiones, la alteración
de los ritmos biológicos por el incremento de las horas de luz no siempre
funciona como un estímulo.
Si bien el buen tiempo supone una
mejora para muchas personas con depresión, en algunos individuos el tránsito
entre el invierno y el verano y las alteraciones que conlleva en la producción
de neurotransmisores podrían empeorar su condición. Algunos estudios indican que
al final de la primavera es cuando más suicidios se dan entre estos enfermos.
"Se ha podido ver que, a pesar del estímulo que puede suponer el incremento de
la luz, en estos casos sus niveles de serotonina eran bajos", explica Selva.
En cuanto a la aparición de la
depresión durante la primavera, este especialista afirma que el cambio
estacional también puede ser un precipitante, pero no la causa. También pueden
acusar a la primavera quienes padecen soriasis o úlcera de estómago. Así pues,
los especialistas coinciden en que la astenia primaveral, como mucho, debe ser
considerada un trastorno transitorio ante el que tampoco sería necesario
tratamiento. "Hay personas que toman vitaminas porque en cierta manera ejercen
un efecto placebo y les ayudan a sentirse mejor", explica Camarelles. "Yo les
digo que si siguen una dieta variada no las necesitan, pero si quieren tomarlas
no se lo niego; que las tomen, pero sin abusar", afirma. Bien al contrario,
tomar más vitaminas de la cuenta también tiene un precio. "La hipervitaminosis
también provoca problemas", añade.
Mantener unos hábitos de vida
saludables contribuye a resituarse. Aunque el buen tiempo anime a alargar las
horas, se aconseja llevar un horario regular de sueño y de comidas. Para
adaptarse al calor, se recomienda no dejarse llevar por la apatía y fomentar
actividades suaves y ejercicio moderado que motiven y estimulen.
Una dieta sana y equilibrada, rica en
verduras, frutas y cereales, hace innecesarias las vitaminas, a no ser que se
padezca alguna otra patología, como puede ser una anemia. Se aconseja empezar el
día con un buen desayuno y acabarlo con una cena ligera.
Fuente: ElPais.com