El control de la vejiga escapa a
uno de cada cinco adultos - La técnica de los implantes electrónicos, reversible
y no cruenta, logra hasta el 80% de eficacia
CARMEN GIRONA - Madrid - 13/04/2010

La incontinencia esconde miles de
historias (se calcula que, en diversos grados, la urinaria la padece más del 20%
de los adultos, la fecal, alrededor del 1%): personas que tienen que ir al aseo
cada 10 minutos, que llevan absorbentes o colector, pierden las relaciones
sociales, y su autoestima.
La mayoría no acude al médico por
vergüenza, desconocimiento, o porque piensan que es un proceso del
envejecimiento. Sin embargo, la incontinencia, tanto urinaria como fecal,
dispone de tratamientos eficaces.
La neuroestimulación de raíces
nerviosas por medio de una especie de marcapasos a la altura de las vértebras
sacras es una de las más novedosas y consigue mejoría o curación hasta en el 80%
de los casos graves, según recogió un curso la semana pasada en el hospital
Ramón y Cajal de Madrid.
España realiza cinco intervenciones
por millón de habitantes, la mitad que en la UE
La terapia se aplica en la actualidad
en 25 centros sanitarios del país
La incontinencia afecta más a mujeres
que a hombres y aumenta con la edad. A veces, se produce por degeneración
muscular y nerviosa, y otras se relaciona con partos múltiples, lesiones
quirúrgicas, tratamientos oncológicos y enfermedades neurológicas. La
incontinencia urinaria más frecuente es la de esfuerzo, la que se produce al
toser o estornudar. El otro tipo es la de urgencia, cuando la persona tiene unos
deseos imperiosos de orinar. En cuanto a la fecal hay una gran variabilidad de
grados. Se produce por tumores, radioterapia, enfermedad de Crohn, cirugías
anorrectales o traumatismos. Los tratamientos iniciales se basan
fundamentalmente en ejercicios de suelo pélvico al menos durante cinco meses, y
terapia farmacológica.
La neuromodulación de raíces nerviosas
sacras estimula con un electrodo la raíz del nervio que controla los órganos
pélvicos. Jordi Montero, neurólogo del hospital de Bellvitge de Barcelona, lo
explica: "El mecanismo de acción se debe probablemente a la influencia en la
excitabilidad de las redes neuronales implicadas en los automatismos de
movimiento, o en los sistemas de memoria. Determinadas frecuencias conducen a
cambios en los sistemas de control de los automatismos motores del suelo
pélvico".
El procedimiento consta de dos fases.
La primera se realiza con anestesia local. Con una aguja y estimulación
eléctrica se evalúa la respuesta motora y sensitiva en la raíz sacra 3 (del
nervio de esa vértebra), explica Miguel Jiménez Cidre, del hospital Ramón y
Cajal. Cuando se obtiene la respuesta adecuada, se coloca el electrodo, que va
conectado a una pila externa que el paciente lleva provisionalmente. Todo el
proceso se realiza con guía radioscópica. Después, el paciente se va a casa. En
las siguientes semanas, se estudia la mejoría tanto desde el punto de vista
clínico como de satisfacción del paciente. Entre la tercera y la cuarta semana,
si se mantiene la respuesta obtenida en el quirófano, se implanta el generador
interno. Tiene dos programadores externos, uno para el paciente y otro para el
médico, y es reversible.
Victoria Gómez Dos Santos, uróloga de
la Fundación Hospital de Alcorcón, de Madrid, insiste en que los pacientes
tienen que entender que no hay que apretar ningún botón para orinar y que
simplemente se lleva una batería puesta al igual que ocurre con los pacientes
cardiacos. "Esta intervención consigue que su vejiga tenga un comportamiento
normal, y que sea el paciente quien controle su vejiga y no al revés", añade.
En lo que va de año ya se han
implantado por esta técnica 300 electrodos en España. Según Fernández, se
realizan cinco implantes por millón de habitantes, lo que sitúa a España por
debajo de la media europea (nueve por millón). Esta terapia se aplica hoy en 25
centros españoles.
El coste del manejo de la
incontinencia es muy elevado. Las terapias farmacológicas y paliativas
(absorbentes) se tienen que utilizar en la mayoría de los casos en periodos muy
prolongados. Sólo en pañales o compresas, según datos oficiales del Ministerio
de Sanidad del año 1998, antes de las transferencias sanitarias, se gastaron más
de 10 millones de euros. Los dispositivos utilizados en la neuromodulación sacra
así como el seguimiento y control cuestan unos 8.000 euros por paciente.
Fuente : Elpais / Salud