El médico en la
Medicina de hoy

Manuel Díaz-Rubio - Presidente de la Real Academia
Nacional de Medicina
II Jornada Aquarius de Formación en Gastroenterología
Madrid (31-7/31-8-09).-
El punto de
partida para todos los médicos es la vocación. Con ella se
inicia un camino que tiene un largo recorrido. En el libro
‘Vocación y Ética’ de Marañón, se hace una una reflexión en
los años 20 sobre la vocación médica. “La vocación es una
voz interior que nos llama hacia una profesión y el
ejercicio de una determinada actividad”-señala Marañón-y
matiza “la exclusividad en el objeto amado y el desinterés
absoluto en servir”. En el siglo XXI esto choca con algo que
está escrito en el siglo XX, donde la vocación en el médico
era algo cosustancial y el sacrificio y la dedicación no
tenían nada que ver con lo que es ahora.
Maimónides decía que la Medicina era arte y un compromiso
personal, el compromiso siempre ha sido con él mismo. Por su
parte, Laín Entralgo aseguraba que el médico “es un ser
humano dispuesto a facilitar ayuda al ser doliente, al que
padece”. Son dos extremos que nos sitúan en la auténtica
vocación y la auténtica realidad de nuestra profesión.
La Medicina ha tenido una larga evolución histórica. Hemos
pasado de una Medicina tradicional y convencional a una
Medicina tremendamente especializada y sofisticada como es
la actual y que necesita, por parte de todos nosotros, una
gran competencia profesional, un sacrificio para estar al
día en una materia tan amplia. La Medicina ha avanzado más
en 30 años que en toda la Historia de la humanidad. Nuestro
sistema trata de convertir al médico recién graduado en un
especialista donde aprenda sus habilidades, capacidades y
responsabilidades, y para ello hay un sistema perfectamente
estructurado donde se le forma como clínico, como técnico,
como médico, como científico, como gestor de recursos, y
como componente de un grupo de trabajo. Hoy la Medicina
aislada prácticamente ha desaparecido.
Esta transformación de la Medicina nos ha llevado a que los
avances tecnológicos y científicos hayan sido desbordantes;
a las demandas de una población mejor informada, a la
evolución de la economía, a la que no podemos permanecer
ajenos; a la optimización de recursos; a los cambios
epidemiológicos que han sido verdaderamente espectaculares;
a los medios de la comunicación; a los aspectos éticos; a
los aspectos jurídicos; a la política; a los cambios
demográficos; y, a la nueva Ley de uso racional del
medicamento. Todo esto ha cambiado nuestras habilidades y
conductas de forma radical, no somos los mismos de hace 30
años, ni la Medicina tampoco puede ser la misma.
En los últimos años, hemos pasado de tener unos
conocimientos limitados en Medicina a unos conocimientos
ilimitados; del trabajo en solitario al trabajo en equipo;
de que la información sólo era poder del médico a que
también hoy la tiene el paciente; del gasto sin problema a
un control del gasto absoluto; de la demanda de alivio de
hace 30 años a la curación y calidad de la salud; de la no
judicialización a la judicialización de la Medicina; del
médico que siempre ha tenido un enorme prestigio social, a
que hoy quien tiene prestigio es la Medicina, la ciencia
médica, el médico está viviendo este cambio cultural dentro
de la Medicina.
Una encuesta de la Fundación Española de Ciencia y
Tecnología del año 2009, con datos de 2006 y 2008, revela
que cuando a la población se le pregunta cuáles son los
temas de su interés, siempre el que aparece el primero en el
ránking es Medicina y salud. En los últimos años ha
aumentado de manera importante el aspecto económico, el
trabajo y el empleo, que también están en la conciencia de
los ciudadanos. Esta situación, por un lado, satisface, pero
por otro, nos debe preocupar porque aquí nos están
demandando más de lo que quizás podamos dar.
Al preguntarnos cómo tenemos que ser los médicos ante esta
situación, pues bien, deberíamos hacer una reflexión sobre
la diferenciación entre ser, estar y sentirse médico. Ser
médico es tener la licenciatura, el título. Estar de médico
es tener un trabajo y ejercer de médico. Sentirse médico
consiste en que se es médico y uno se siente médico las 24
horas del día, el médico en el aspecto más romántico de la
Medicina, que vivía para el enfermo y para la Medicina, es
la sublimación de una vocación que teníamos o que hemos
construido.
La relación médico-paciente también es motivo de reflexión,
cómo se vive esa relación inmediata con el paciente, ahí se
pone en marcha nuestro saber médico entendido como algo más
de los conocimientos que nos han enseñado, algo que también
es nuestra condición humana, es lo que yo llamo los
“momentos grandiosos del médico” en esta relación. Al
principio, está el momento mágico en el que nos enfrentamos
al paciente y se da una situación impactante, el encuentro,
ese momento clave; después, el momento trascendente, que es
el diagnóstico del paciente; el momento responsable, que es
en el que se toma un actitud terapéutica junto con el
paciente; y un cuarto momento, el momento comprometido, que
es aceptar hacer un seguimiento del paciente, una entrega
recíproca y mutua. Todo este círculo está impregnado de
emociones y sensaciones, todos estos momentos se dan en el
acto médico y debemos protegerlo para que se dé. En el
momento que lo perdamos o pensemos que falla se va a romper
esta relación.
En los nuevos códigos como el American College of Physician,
que van apareciendo en los últimos años, se habla de
responsabilidades profesionales como la competencia
profesional, la mejora de la calidad de la atención, la
mejora del acceso a la atención medica, la justa
distribución de los recursos finitos, la honestidad con los
pacientes, la confidencialidad, la relación apropiada con
los pacientes, el conocimiento científico y la confianza
mediante la resolución de conflictos de intereses.
No podemos dejar de pensar que la Medicina es una ciencia,
es arte y es humanismo, se ha dicho que la Medicina es la
más humana de las artes, la más artística de las ciencias y
las más científica de las humanidades, es decir, tiene unas
connotaciones que nos llevan más allá de ejercer simplemente
una profesión. La burocratización es el enemigo mayor de la
relación médico-paciente, ya que hace falta un tiempo del
que no se dispone.
Fuente: El médico interactivo