Hallada en Cuenca una nueva especie
carnívora que vivió hace 125 millones de años
ALICIA RIVERA | Madrid 08/09/2010
Un dinosaurio de un género y una
especie completamente desconocidos hasta el momento siempre es un descubrimiento
que causa sensación en la paleontología mundial. Ahora un ejemplar de buen
tamaño, carnívoro y con una extraña joroba, ha sido descubierto en Cuenca, en el
yacimiento de Las Hoyas. Vivió hace 125 millones de años y es el dinosaurio más
completo que se ha encontrado en España, afirman los investigadores. Con sus
seis metros de largo, el nuevo ejemplar conquense, un animal adulto, era cuatro
veces mayor que los ágiles y temibles velocirráptores que salían en la película
Parque Jurásico. Y este es mucho más antiguo.

Fósil del nuevo dinosaurio
carnívoro 'Concavenator'- SANTIAGO TORRALBA

Francisco Escaso, Francisco Ortega y José Luis Sanz estudian el fósil del
concavenator Pepito.- UAM / UNEDRAÚL MARTÍN
El esqueleto fósil se presenta hoy en lugar destacado en la prestigiosa revista
Nature con un artículo firmado por los tres científicos españoles que lo han
encontrado y estudiado (Francisco Ortega, Fernando Escaso y José Luis Sanz).
El dinosaurio, carnívoro, ha sido bautizado científicamente Concavenator
corcovatus y apodado Pepito pese a ser un animal adulto. El propio nombre
oficial, que significa Cazador jorobado de Cuenca, aporta datos interesantes
sobre el animal: "Era un depredador, que cazaría sin hacer ascos a la carroña
que se encontrase, como los leones actuales", explica Sanz, especialista español
en dinosaurios reconocido internacionalmente.
En cuanto a lo de jorobado, es un
rasgo peculiar y sorprendente del concavenator, porque no se conoce en ningún
otro dinosaurio, aunque algunos de estos animales prehistóricos tenían una
estructura dorsal que podría tener una función termorreguladora, como un
radiador. En el caso de Pepito los científicos no saben para qué le servía la
joroba.
El nuevo dinosaurio español destaca no
solo por su novedad, su tamaño y su excelente conservación, sino porque aporta
información inesperada sobre la historia de este tipo de animales del Cretácico
inferior. Pertenece a los carcadorontosaurios, una familia de dinosaurios que se
consideraba hasta hace no mucho original del hemisferio Sur. El hallazgo de un
ejemplar de esta familia en el Reino Unido hace unos años y, ahora, el muy
completo fósil de Las Hoyas, ambos muy primitivos y en el hemisferio Norte,
exige rectificar la idea que se tenía de su trayectoria evolutiva y geográfica.
Otra peculiaridad de este dinosaurio
son unos bultos que se distinguen en el hueso del antebrazo, que son similares a
los que sirven de punto de inserción de las plumas remeras en las aves actuales.
Está claro que Pepito no volaba, pero "la presencia de los pequeños bultos en la
ulna [equivalente al cúbito de los humanos] de concavenator indica que este
dinosaurio conquense ya tenía estructuras en la piel que constituyen un estadio
ancestral de las plumas de las aves", explican los científicos.
No hay que olvidar que, como han
demostrado los fósiles hallados en Las Hoyas desde hace unos años -y,
paralelamente, en yacimientos de China-, los dinosaurios no se extinguieron hace
65 millones de años (probablemente como consecuencia del impacto de un gran
meteorito en la Tierra), sino que algunos de ellos, los voladores, lograron
sobrevivir y acabaron siendo los pájaros actuales.
Pepito apareció hace ya varios años y
supuso desde el primer momento una sorpresa para los paleontólogos, pero han
tardado bastante tiempo en recuperar y conservar los huesos fósiles de las
planchas de roca en que estaban incrustados. "Es un trabajo minucioso, con
instrumentos como los de dentista, para ir retirando la roca sin llegar a tocar
el fósil", explica Sanz.
De esta operación se han encargado sobre todo Ortega y Escaso (de la UNED), en
el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, en Cuenca, donde ahora está el
ejemplar. El esqueleto está aplastado y acostado hacia su lado izquierdo y la
roca en que reposa estaba fragmentada en varias losas, por lo que su
reconstrucción fue, lo primero, "como montar un rompecabezas en tres
dimensiones", recuerda Sanz, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid.
"Al principio pensamos que podría ser un reptil marino, un gran cocodrilo, o un
dinosaurio", añade.
Los restos del concavenator destacan
por su excelente estado de conservación, una característica que resulta singular
en las condiciones del yacimiento de las Hoyas, poco favorables a la
preservación de esqueletos grandes. Pepito, para suerte de los científicos, se
ha conservado sin esos problemas y se aprecian en sus huesos detalles de las
escamas de las patas y de la cola.
Cuando la serranía conquense era una marisma subtropical
El hábitat de la nueva especie de
dinosaurio era un humedal, una marisma con altibajos en el nivel de agua, con
una estación seca y una húmeda en un clima subtropical, deducen los científicos
a partir de la información que van recabando. Tendría un tapete vegetal no
necesariamente tupido, con grandes helechos arbóreos y los bosques de coníferas
rodearían el humedal. Ahora, 125 años después, este espacio es la Serranía de
Cuenca.
De aquella época, el Cretácico
inferior, son las primeras plantas con flores, tal vez acuáticas. En cuanto a
otros animales, el concavenator Pepito compartiría territorio "con una cohorte
enorme de insectos de todo tipo, voladores y terrestres", explica el experto
José Luis Sanz. También habría abundantes peces, cangrejos, lagartos... Por allí
estarían, además, las aves primitivas como Iberomesornis -del tamaño de un
gorrión-, cuyos restos fósiles catapultaron el yacimiento de Las Hoyas a la fama
internacional de la paleontología.
Otro habitante de la zona sería el
Pelecanimimus, un dinosaurio terópodo de unos dos metros y medio de largo, más
pequeño que Pepito, también descubierto en el rico yacimiento conquense.
Fuente: El Pais.com