El síndrome del intestino irritable es
una enfermedad poco conocida que hace la vida muy complicada al millón de
españoles que la padecen: cólicos, fatiga, diarrea... Difícil de diagnosticar y
crónica, requiere un tratamiento fisiológico, psicológico y nutricional
ANTÍA CASTEDO 09/07/2010
Abel
Ramos, de 37 años, no se atrevía a salir a cenar con sus compañeros de trabajo.
Cuando trabajaba como aparejador no soportaba las reuniones por la mañana, que
tenía que interrumpir constantemente para ir al baño.
Se define como hipocondriaco social, y
sus amigos le llaman Míster Lavabo.
Es una víctima más del síndrome del
intestino irritable (colon irritable, como se le conoce en el lenguaje
coloquial), una enfermedad poco conocida que, sin embargo, sufren más de un
millón de españoles, según el doctor Fermín Mearín, especialista de la clínica
Teknon. La mayoría lo hacen en silencio.
Entre las causas hay factores hormonales y genéticos
El síndrome del intestino irritable es
una enfermedad funcional del aparato digestivo que se diagnostica por exclusión.
Cuando todas las pruebas dan negativo: ¡bingo!, es colon irritable. Los síntomas
son dolores y distensión abdominal, cólicos, flatulencia, alteración del ritmo
intestinal, fatiga, digestiones pesadas. La mayoría de las personas que lo
sufren presentan estreñimiento, diarrea, o alternancia de ambos. Es crónica y,
aunque no mata, puede llegar a afectar de manera muy grave la calidad de vida.
Tanto, que hay pacientes que sólo salen de casa para lo imprescindible.
Esther Martí, presidenta de la
Asociación Catalana de Afectados por Colon Irritable, conoce bien el periplo de
pruebas y médicos que suele anteceder al diagnóstico. "Cuando llegas al médico,
ya estás desesperado. El de cabecera te envía al especialista del aparato
digestivo. A veces escuchan, otras no. Te hacen pruebas de intolerancia
alimentaria, de alergias, colonoscopias, rectoscopias, radiografías del abdomen.
Al final te diagnostican síndrome de colon irritable. Te dicen que no pueden
hacer nada, y te recomiendan que te tomes las cosas con más calma", explica.
Los síntomas de la enfermedad tienden
a manifestarse o agravarse en situaciones de estrés y ansiedad, en momentos de
mucha preocupación. Por eso, hasta hace poco, los médicos no hacían mucho caso
al problema. El doctor Fermín Mearín ahonda en las razones del relativo desdén
por parte de la profesión: "Es una enfermedad que no te deja vivir, pero tampoco
te mata". Él es uno de los pocos que llevan décadas investigando. Los estudios
epidemiológicos que ha elaborado apuntan a que al menos el 8% de los españoles
adultos la sufren. En otros países, como Estados Unidos, el porcentaje alcanza
el 15%.
El colon irritable es ya una de las
principales causas de visita a los especialistas del aparato digestivo. Sin
embargo, su tratamiento, coinciden los expertos, debe ser multidisciplinar. Es
necesario abordar todos los frentes: no sólo el fisiológico, sino también el
psicológico y el nutricional. Los alimentos no caen igual en todos los
estómagos. "Cada uno debe confeccionar su propia dieta", dice Martí, que pone un
ejemplo: "El arroz, que se supone que es bueno, no a todo el mundo le va bien".
Los especialistas también están de acuerdo en que se deben evitar las comidas
picantes y fuertes, el alcohol, el tabaco, las bebidas con gas y cafeína, la
bollería, el chocolate y la leche de vaca. Martí recomienda, además, que se
apunte en un diario las comidas y cenas de cada día y los síntomas que aparecen,
para empezar a reconocer cuáles son los alimentos que el organismo no soporta.
También es beneficioso el ejercicio
físico frecuente, que mejora la movilidad del intestino. La manzanilla, las
infusiones con jengibre o las aguas minerales ricas en magnesio ayudan a
sobrellevar el malestar.
Los afectados reclaman que las
autoridades les tengan en cuenta y adapten el espacio urbano a sus necesidades.
"Necesitamos más lavabos en las ciudades", reivindica Martí. "En las estaciones
de metro, en las paradas de autobús. Necesitamos poder entrar al baño en los
bares sin tener que consumir. Muchas veces incluso es un problema esperar a que
te den la llave", continúa. Lo que para alguien que no sufre la enfermedad es un
detalle menor, para los afectados es fundamental.
En muchos casos, la acumulación de
situaciones como las descritas acaba afectando a la seguridad personal y la
autoestima. "Está siempre presente. A mí me ha amargado la vida. Nunca lo había
hablado con nadie, hasta hace poco. El año pasado volví a la Facultad y era un
martirio. En el metro lo pasaba fatal. No me ha dejado ser yo mismo", explica
Ramos.
La enfermedad "ataca en mayor medida a
las mujeres que a los hombres, y sobre todo a las mujeres menores de 40 años",
detalla Ramón Angós, especialista del aparato digestivo de la clínica
Universidad de Navarra.
Aunque todavía hay lagunas, se ha
avanzado bastante en la investigación sobre las causas de la enfermedad.
"Sabemos que hay factores hormonales, genéticos -por eso en algunas familias es
más frecuente que en otras- y que en algunos casos se manifiesta después de una
gastroenteritis", relata el doctor Mearín.
Antía Rodríguez, de 26 años, piensa
que en su caso ha heredado la enfermedad de su madre. "Yo creo que siempre la he
tenido", explica, pero fue el verano pasado cuando empezó la primera crisis. "Me
dolía muchísimo la barriga, me daban cólicos, no podía trabajar. Estaba fatal",
dice. No era la primera vez que le ocurría, pero esa vez el malestar se instaló
una semana entera. "Primero me dijeron que podía ser un tumor en el abdomen,
pero después las pruebas concluyeron que no tenía nada", cuenta. Ese nada era
algo: colon irritable. El médico le recetó una dieta estricta: sin café, sin
alcohol y sin legumbres. "Hace tiempo que no me da", dice Rodríguez, que
relaciona la aparición de los síntomas con un periodo de "muchos nervios".
Dentro de los afectados, ella se encuentra en el grupo de los afortunados.
"Puedo vivir perfectamente con ello", reconoce.
Fuente: Elpais.com