JOSEP RAMONEDA 03/07/2010
Ensayo.
"Sin Freud, Woody Allen sería un inocentón patético y Tony Soprano un matón;
existiría un Edipo pero no un complejo de Edipo".
Esta cita de un número de la revista
Newsveek de 2006 le permite a Eva Illouz arrancar el relato sobre las
transformaciones que la psicología y el lenguaje de la terapia ha provocado en
las sociedades avanzadas a partir de Estados Unidos. Todo empezó con el enorme
éxito de Freud en América y su adopción por el pragmatismo americano. En el
principio fue la empresa, el primer territorio en que la psicología produjo
innovaciones importantes a partir del control de las emociones y de la
optimización de las relaciones laborales.
Pero de la empresa se pasó
inmediatamente a la familia, acosada por su incipiente proceso de
democratización. Y convertida en un territorio de conflictividad creciente. Y de
ahí a los medios de comunicación que ejercieron un papel determinante en la
difusión del discurso terapéutico y en el proceso de banalización de su lenguaje
que "ha aplanado nuestra imaginación y nuestra experiencia emocional". Hasta
que, finalmente, penetró por completo en el Estado, en trance de configurar
argumentos para el bienestar, y en una sociedad civil, que necesitaba un nuevo
discurso del yo sobre el que asentar las relaciones interpersonales.
La salvación del alma moderna.
Terapia, emociones y la cultura de la autoayuda
Eva Illouz - Traducción de Santiago Llach
Katz. Madrid, 2010. 316 páginas. 19
euros
De modo que las instituciones centrales de la sociedad estadounidense fueron
penetradas por el cuerpo de conocimiento de la psicología. Y el idioma de la
terapia se convirtió en lenguaje cultural omnipresente, pieza fundamental del
episteme de la comunicación en que estamos inmersos. En este proceso se
produjeron convergencias inesperadas -y, en cierto sentido, involuntarias- como
la de la psicología y el feminismo, que Eva Illouz describe perspicazmente.
Ambos contribuyeron poderosamente a la demolición de la familia tradicional,
utilizando como arietes la negociación verbal y el control emocional. La
psicología construyó nuevos puentes entre dos esferas tan relacionadas como el
trabajo y la familia, creando codificaciones lingüísticas y emocionales que se
irán extendiendo por toda la sociedad.
Una vez establecido el mapa de
orientación de estas transformaciones, Eva Illouz señala las consecuencias
principales de este cambio: la disolución de los límites culturales
(privado/público, masculino/femenino) que se traduce en la explosión pública de
lo privado, a través de un lenguaje socializado por los medios de comunicación
como es el terapéutico. La transferencia al espacio privado del lenguaje de la
productividad, bajo la forma de competencia emocional, que en el mundo del
trabajo es representado por uno de los grandes tópicos contemporáneos, la figura
del liderazgo, es decir, la habilidad para manejar a la vez sentimientos,
relaciones interpersonales e interés propio. Y la ubicación del yo como pieza
articular de esta transformación, "emplazamiento principal para el manejo de las
contradicciones de la modernidad", conforme a las técnicas que la psicología
ofrece para orientarse en territorios como el lugar de trabajo o la familia que
cierta democratización ha convertido en más caóticos. De ello es fácil deducir
el desarrollo de una nueva forma de desigualdad: el capital emocional, que
otorga clara ventaja competitiva al que es más capaz de controlarlo y utilizarlo
en los diferentes escenarios de la familia, del trabajo y de la comunicación.
El argumento de Eva Illouz podría
resumirse así: la terapia se ha convertido en "lingua franca de la nueva clase
de los servicios en la mayoría de los países con economías capitalistas
avanzadas porque brinda el juego de herramientas para que los yos desorganizados
puedan manejar las conductas de sus vidas en las organizaciones sociopolíticas
contemporáneas". Pero este lenguaje, como ocurre siempre, triunfa sobre la
negación de otros discursos o sobre la construcción de nuevos tabúes. Eva Illouz
señala el eclipsamiento verbal y la sustitución de la religión por la
psicología.
Por eclipsamiento verbal entiende "el
amplio proceso mediante el cual una actividad verbal cada vez mayor interfiere
con decisiones que requieren que usemos la 'intuición', la 'perspicacia' o el
juicio rápido. Irónicamente, la ideología de los psicólogos termina reificando
el concepto mismo de personalidad".
La segunda cuestión es la del
sufrimiento. Uno de los aspectos más cuestionables del discurso terapéutico está
"en los modos en que produce placer". "Cuanto más se sitúan las causas del
sufrimiento en el yo, más se comprende el yo en términos de sus problemas, y más
numerosas son las enfermedades 'reales' del yo que se producirán". Si el
sufrimiento se ha reducido a un problema que debe ser manejado por expertos de
la psiquis, "la perturbadora pregunta en relación con la distribución del
sufrimiento (¿por qué los inocentes sufren y los malos prosperan?) ha sido
reducida a una banalidad sin precedentes": sufre el que maneja mal sus
emociones. La psicología "cumple así a la perfección con uno de los objetivos de
la religión: explicar, racionalizar y, en última instancia, siempre, justificar
el sufrimiento". Bajo la pátina del hedonismo, las sociedades avanzadas viven en
la angustia. El alma moderna también se salva en el sufrimiento.
Fuente: Elpais.com