Los bioéticos saludan en general las posibilidades que abre la técnica, pero
niegan que suponga la creación de "vida artificial".- El Vaticano se ha puesto
"en guardia contra un salto a lo desconocido"
JAVIER SAMPEDRO - Madrid - 21/05/2010
Fuente: El pais.com
La
creación de la primera célula sintética, anunciada por el científico y
empresario Craig Venter (uno de los padres del genoma humano), ha causado una
perplejidad extendida.
Los bioéticos saludan en general las
posibilidades que abre la técnica, pero niegan que suponga la creación de "vida
artificial". El Vaticano se ha puesto "en guardia contra un salto a lo
desconocido".
Muchas voces han mencionado los
riesgos bioterroristas y de seguridad pública. El presidente Obama ha encargado
un informe a sus propios asesores. Y casi todos los sectores -empezando por el
propio Venter- piden regulaciones legales de una técnica poderosa e
impredecible.
El equipo de Venter anunció en la
revista Science la creación de la primera "célula sintética". Su genoma está
copiado de un genoma natural, el de la bacteria Mycoplasma mycoides, pero ha
sido sintetizado por métodos químicos de la primera a la última letra.
La célula sintética es idéntica a su
modelo natural, y por tanto no es útil en sí misma, sino como prueba de
principio: la técnica funciona, sirve para generar células vivas a partir de una
mera secuencia genética guardada en un ordenador, y a partir de ahora podrá
usarse para crear otros organismos con genomas más inventivos.
Los principales objetivos de Venter
son energéticos, como diseñar bacterias que produzcan combustible a partir de la
energía solar y el CO2 atmosférico. Pero su trabajo agita el fondo de mares
filosóficos muy hondos. ¿Es un texto -una secuencia genética- lo que define la
frontera entre la materia viva y la inerte? Mucha gente, empezando por
Aristóteles, cree que esa frontera es el élan vital, un impulso interior e
inmaterial que anima a todo organismo.
Pero, si el élan vital puede
sintetizarse en un tubo de ensayo, ¿no habría que cambiarle el nombre, al menos?
Y si es un texto, no es muy largo: el genoma de la célula sintética mide un
millón de bases, o letras de ADN. La Biblia tiene tres millones de letras.
Reacción tibia
"El hombre procede de Dios, pero no es
Dios", ha dicho Domenico Mogavero, jurista de la Conferencia Episcopal italiana,
en el diario La Stampa. También dijo: "Es la naturaleza humana la que da
dignidad al genoma humano, y no al contrario". Su colega el arzobispo Bruno
Forte declaraba al mismo tiempo su "admiración" por una manifestación tan
elevada de la inteligencia humana. La reacción de la Iglesia ha sido tibia.
El presidente de los Estados Unidos,
Barack Obama, encargó a la Comisión Presidencial para Asuntos de Bioética que
analice las implicaciones de esta tecnología: tanto sus riesgos como sus
beneficios potenciales sobre la medicina, el medio ambiente y la seguridad. La
comisión deberá publicar en seis meses sus recomendaciones al Gobierno federal,
en lo que puede conducir a la primera regulación legal de la creación de células
sintéticas.
Arthur Caplan, de la Universidad de
Pensilvania, que no sólo es uno de los bioéticos más respetados del mundo, sino
también uno de los que mejor conoce estas investigaciones, opina que "el logro
de Venter parece acabar con el argumento de que la vida requiere de una fuerza o
poder especial. No dudó en clasificar el hallazgo como uno de los más
importantes de la historia de la humanidad, y dijo que "echa por tierra una
creencia fundamental acerca de la naturaleza de la vida". Lo equiparó, en ese
sentido, a los descubrimientos de Galileo, Corpérnico, Darwin o Einstein.
Caplan es uno de los bioéticos que
llevan más de 10 años examinando las implicaciones de esta tecnología, junto a
Mildred Cho, del centro de ética biomédica de la Universidad de Stanford, o a
Daniel McGee, un teólogo del departamento de religión de la Universidad de
Baylor.
Pero algunos colegas de Caplan, y
también algunos científicos, han considerado exagerado el anuncio de Venter. Sus
críticas se pueden resumir con una frase del biólogo molecular y premio Nobel
David Baltimore: "Venter no ha creado vida, sólo la ha imitado". El ingeniero
biomédico James Collins, de la Universidad de Boston, coincidía con él en la
revista Nature: "Los científicos no saben lo suficiente acerca de la biología
como para crear vida". Collins admite que el trabajo es un importante avance en
la ingeniería de organismos, "pero no significa que fabriquemos nueva vida desde
cero".
El genoma sintético no es exactamente
igual al de la bacteria natural. Los investigadores , por ejemplo, han eliminado
14 genes implicados en la patogenicidad del Mycoplasma mycoides, que es un
agente infeccioso del ganado. Es una precaución por si el organismo sintético se
escapa. También lleva unas marcas de agua que permiten distinguirlo de la
versión natural.
'Escribir genomas'
Pero nada de esto impide que la célula
artificial sea indistinguible de un Mycoplasma mycoides por cualquier criterio
(no genético), y por tanto las críticas de Baltimore y Collins son justas:
Venter no ha creado "nueva vida desde cero". Para eso tendríamos que saber
escribir genomas, en lugar de copiar los que ya existen. Éste, en el fondo, se
puede considerar el objetivo final de la genómica.
Y entrando ya de lleno en la sección
de ciencia ficción, el trabajo de Venter sí permitiría transmitir especies entre
planetas. La información genómica (aggactt...) se podría transmitir en forma de
pulsos electromagnéticos, y usarse en el planeta receptor para fabricar el
organismo vivo a la Venter. Sólo hay dos problemas: que conocemos a nadie en
otro planeta, y que el precio del experimento -40 millones de dólares- resulta
poco competitivo a escala galáctica.
Volviendo a la Tierra, la empresa de
Venter, Synthetic Genomics, ha firmado un contrato con la petrolera Exxon para
diseñar un alga (unicelular) que produzca combustible. Si el proyecto llega a
término, Exxon habrá invertido 600 millones de dólares en él. Por el momento,
ése es el precio del petróleo biológico.
Fuente: Elpais.com