Una bomba
permanente en el cuerpo para ayudar al corazón
Implantado en España el primer
ventrículo
artificial a un paciente de 67 años que no podía recibir un
trasplante - El
dispositivo le permitirá hacer vida normal
EMILIO DE BENITO - Madrid - 23/08/2011
A Pedro Antonio Pérez García, de 67 años, le costaba un
mundo subir las escaleras de casa. "Tenía que hacer hasta tres paradas
para los 17 escalones. Solo bajarme o subirme del coche me dejaba
agotado", cuenta. Un infarto de miocardio le dejó el corazón maltrecho en
1996 y su insuficiencia renal desaconsejaba un trasplante.
A falta de un
corazón artificial que aún no existe, médicos del hospital 12 de Octubre de
Madrid le dieron otra solución, inédita en España: suplir la función de una de
las cuatro cavidades del órgano con el implante de un dispositivo mecánico
conectado a una batería exterior al cuerpo con cables.
Ayer, cuatro meses
después de la intervención, Pedro salió del hospital con su nuevo aparato, y
una mochilita para llevar las baterías. Los cirujanos creen que, si todo va
bien, el aparato podrá funcionar sin necesidad de intervenir en él durante unos
10 años, por lo menos. "El paciente tendrá que hacerse revisiones, pero
por su estado, no por el dispositivo", afirma el cardiólogo Enrique Pérez
de la Sota.
Los
médicos creen que esta técnica servirá a decenas de personas cada año
"Era
mi única posibilidad", dice el paciente, Pedro Antonio Pérez
El mecanismo de lo que la terminología médica define como
"dispositivo definitivo de flujo continuo" se puede simplificar
diciendo que es "un motor que sustituye la labor del bombeo de la sangre
del ventrículo izquierdo a la aorta", indica el especialista, que es quien
ha dirigido el proyecto.
De las cuatro cavidades del corazón, el ventrículo
izquierdo es el que está sometido a un mayor esfuerzo. Debe impulsar la sangre
a todo el cuerpo. El corazón de Pedro lo hacía con mucha dificultad por las secuelas
del "extenso" infarto de miocardio que sufrió años atrás. Padecía una
"miocardiopatía severa e irreversible", aclara el médico. Las
contracciones del corazón se habían reducido al 10% o 15% de lo normal.
"Su situación funcional antes de la intervención era límite",
asegura.
El dispositivo "consiste básicamente en un tubo que
saca la sangre del ventrículo y mediante una turbina que va a 8.000 o 9.000
revoluciones por segundo la lanza a la aorta", explica el médico. El
aparato trabaja en un régimen continuo, pero tiene una "cierta
autorregulación" para adaptarse a las necesidades del paciente, añade. Eso
quiere decir que "ahora que, tras estar ingresado, el paciente está algo
recuperado, el aparato tendrá que trabajar menos porque el corazón funciona mejor".
"Pero si tiene que hacer algún esfuerzo, podrá entrar en acción y aportar
un flujo extra", puntualiza.
El mecanismo no es nuevo. "En el mundo -empezando por
Estados Unidos- se han implantado unos 7.000", admite el médico. En
España
ya ha habido otros intentos (el experto menciona los hospitales de Bellvitge y
Puerta de Hierro), pero no eran iguales a este. Porque la gran novedad de esta
intervención es que la persona a la que se le aplica vaya a poderlo llevar toda
su vida.
"Hasta ahora se usaba sobre todo para mantener a los
pacientes antes de un trasplante", afirma el cardiólogo. Esa habría sido
la solución también para el paciente, si no se hubieran dado algunas
circunstancias -una insuficiencia renal, problemas respiratorios y la edad ya
algo avanzada- que desaconsejaban la intervención, añade el médico.
Un ejemplo de la pésima calidad de vida a la que estaba
abocado el hombre es que en el mes y medio anterior a la intervención debió
estar ingresado tres veces, en periodos de una semana a 10 días. "Con el
dispositivo le hemos dado una nueva vida", dice el médico. El paciente
afirmaba ayer que cuando le plantearon la posibilidad no tuvo ninguna duda:
"Era mi única posibilidad. Me resultó más difícil convencer a algunos
miembros de mi familia que vencer mis miedos interiores".
El médico no se atreve a vaticinar cuántos pacientes
podrán beneficiarse de esta tecnología. "Como no estaba disponible no
había demanda, de la misma manera que en los países donde no hay trasplante de
corazón no hay lista de espera", afirma. Pero no duda en que serán
"decenas cada año". También está convencido de que se trata de una
operación "que compensa". "Aparte de que no se puede poner
precio a una vida, el aparato cuesta unos 90.000 euros. Pero estos son
pacientes que en ingresos hospitalarios y medicación consumen muchos
recursos", añade. "No implantarlo también generaría un gasto".
Eso sí, el cardiólogo insiste en que "no es una
panacea". "Lo normal será tratar primero con fármacos a los
pacientes, y luego ver si pueden recibir un trasplante", añade. Pero,
agotadas esas posibilidades, ahora cabe la posibilidad de este implante.
"El paciente puede recuperar su actividad cotidiana. El dispositivo tiene
una autonomía de unas 12 horas. Solo tiene que acordarse de cargar las baterías".
Algo que Pedro Antonio asegura que no se le olvidará.
Fuente: El pais.com