El objetivo es diseñar máquinas
biológicas
EL PAÍS - Madrid - 15/06/2010
Un
grupo de alumnos y profesores de la Universidad Pablo de Olavide (UPO) compiten
con una nueva bacteria con posible capacidad antitumoral en la actual edición
del concurso iGEM , organizado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts
(MIT, por sus siglas en inglés) para alumnos no titulados.
Esta cita internacional busca impulsar
entre los miembros más jóvenes de la comunidad científica la investigación en
Biología Sintética, un campo en alza que estudia el diseño y la construcción de
sistemas biológicos, y cuyo último hito ha sido la producción de una bacteria
con material genético sintetizado enteramente in vitro.
Los 130 equipos de todo el mundo que
compiten en este certamen -de los que sólo dos son españoles, el de la
Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y el de la Universidad Politécnica de
Valencia- deben elaborar, ejecutar y buscar financiación para un proyecto
científico en el que se diseñen organismos vivos capaces de llevar a cabo nuevas
funciones, lo que se conoce como máquinas biológicas, mediante la manipulación
de sus genes y los circuitos de regulación que los controlan. En concreto, la
propuesta presentada por la UPO busca una nueva bacteria capaz de usar señales
químicas a distancia para aumentar la concentración local de bacterias en la
zona deseada. Para hacer de esta idea una realidad, los profesores Luis Merino y
Fernando Govantes están trabajando junto a los alumnos de Biotecnología David
Caballero, Adrián Arellano, Paola Gallardo, Félix Reyes y Eva Fernández, además
de Eduardo Pavón, estudiante de Ingeniería Técnica en Informática de Gestión.
"El uso de la Biología Sintética
permite un mayor control del sistema y nos da la posibilidad de racionalizar el
diseño y de utilizar herramientas de simulación y modelado a tal efecto", señala
Govantes. En esta línea, el grupo de la UPO está trabajando en la creación de
una nueva estirpe de la bacteria Escherichia coli, capaz de reconocer una
estructura específica expuesta sobre una superficie como, por ejemplo, la de una
célula. A raíz de esta interacción, la bacteria produce una señal química que
atrae en la distancia a otras bacterias hacia un mismo punto. "Este concepto se
puede utilizar en el futuro para dirigir poblaciones bacterianas hacia dianas
biológicas, con el fin de destruir células tumorales, por ejemplo, o hacia
dianas químicas, de forma que se pueda eliminar eficazmente sustancias
contaminantes", apunta el profesor de la UPO.
Fuente: El pais.com