Un cuarto de los españoles
tiene alguna alergia estacional. Cada vez aparecen con más frecuencia en
personas adultas, lo que demuestra que el factor ambiental es determinante. Este
año, los sensibles a las gramíneas ya se pueden ir preparando
CARMEN GIRONA 13/03/2010
El
conocido refrán "año de nieves, año de bienes", referido a la cosecha de los
cereales, no es aplicable a los alérgicos al polen. A más agua, mayor explosión
de pólenes y más alergias.
Este año, los especialistas de la
Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) vaticinan una
primavera difícil para los pacientes alérgicos al polen de las gramíneas, la
primera causa de polinosis (alergia a los pólenes) en España.
La alergia al polen afecta a unos seis
millones y medio de españoles -el 14% de la población-; de éstos, prácticamente
todos sufren rinoconjuntivitis, y cerca del 40%, asma, según datos de la
Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC).
El "inequívoco" diagnóstico molecular es el último avance
Avances muy recientes, como el
diagnóstico molecular, las nuevas fórmulas de inmunoterapia, junto a la mayor
especialización de los expertos y la educación sanitaria, ayudan a controlar
estas dolencias, que pueden afectar de manera importante a la calidad de vida y
en algunas ocasiones provocar la muerte.
Los expertos de la SEAIC prevén una
primavera "intensa" para los alérgicos a las gramíneas en la zona de clima
continental (Extremadura, Madrid, las dos Castillas y el interior de Andalucía y
Levante), salvo que se produzcan cambios climatológicos atípicos. Auguran que en
esta primavera se alcanzarán los 5.100 granos de gramíneas por metro cúbico de
aire, casi el doble que 2009, cuando se registraron 2.800 granos de gramíneas
por metro cúbico. Esta predicción proviene de un método que tiene en cuenta las
lluvias de los meses de otoño e invierno y que ha sido ideado por Javier Subiza,
actual coordinador del comité de aerobiología de la SEAIC. La cifra anual real
recoge las concentraciones diarias registradas de abril a julio.
Las gramíneas salvajes (césped,
malezas, hierbas que crecen en los márgenes de los caminos y en campos de
cultivo) constituyen la primera causa de alergia al polen en España, seguidas
del olivo y la parietaria. Constituyen el 20% de la superficie vegetal. Dominan
en el centro y norte de la Península, y sus concentraciones varían en función de
las áreas bioclimáticas. En la zona de clima continental (Extremadura, Madrid,
Castilla-La Mancha, Castilla y León e interior de Andalucía y Levante) se dan
las concentraciones más altas. En la España verde (macizo galaico y cornisa
cantábrica) son moderadas. Y en la costera (zona litoral del Mediterráneo) se
hallan las más bajas.
Hasta ahora se pensaba que la rinitis
y el asma eran enfermedades distintas. Ahora, muchos médicos creen que a veces
es una única patología que afecta a las vías altas (rinitis) y bajas (asma). La
rinitis es una enfermedad inflamatoria de la mucosa nasal que se manifiesta con
picor nasal, estornudos, mucosidad acuosa y taponamiento nasal. En muchas
ocasiones se acompaña con conjuntivitis (picor en los ojos). El asma se
caracteriza por la inflamación de los bronquios y ocasiona tos, falta de aire y
opresión torácica.
Los pólenes de las gramíneas, el olivo
y la parietaria son los que más alergia causan. Los síntomas alérgicos de las
gramíneas pueden aparecer desde el mes de febrero, pero se hacen más intensos en
mayo y junio, y se empiezan a notar a partir de 50 granos de polen por metro
cúbico de aire. El olivo poliniza de febrero a julio, según la especie, y la
parietaria, de febrero a noviembre.
Estos datos son orientativos, porque,
como explica Subiza, la reacción depende del grado de sensibilidad (leve,
moderada o intensa) del paciente al alergeno, proteína que produce la alergia.
"Lo mejor es que el alérgico pregunte a su médico cuál es su umbral de
reactivación y conozca los niveles de polen del lugar en el que reside o viaje",
apunta el coordinador del comité de aerobiología de la SEAIC.
Las alergias aumentan y el perfil del
paciente cambia. Según el presidente de la SEAIC, el doctor Tomás Chivato, el
incremento de estas enfermedades se debe fundamentalmente a la contaminación y
la introducción de especies vegetales de otros países, como las arizónicas. La
teoría de la higiene también explica el aumento de alergias. Esta teoría
sostiene que el sistema inmunológico necesita una serie de estímulos durante su
desarrollo, necesita estar en contacto con los gérmenes. Si no los encuentra, se
dirige a otros organismos inofensivos, como son los pólenes. En cuanto a la
contaminación, la combustión de los coches (el dióxido de carbono y, sobre todo,
las partículas de diésel), los gases emitidos por las industrias y las
calefacciones forman un binomio muy negativo para los pacientes sensibilizados.
El patrón de "la marcha alérgica"
-evolución de los síntomas alérgicos desde que nace el bebé hasta los cinco
años, en que aparece el asma- sigue siendo válido para muchos pacientes
alérgicos, pero las dolencias aparecen ahora en adultos y ancianos que no habían
sufrido ningún síntoma antes.
"La alergia suele aparecer en la
juventud y adolescencia, pero cada vez aparece más en personas mayores. Esto
demuestra que aunque la genética es muy importante, el factor ambiental es
determinante. Un ejemplo muy claro se observa en los padres de los inmigrantes,
que en su país de origen no tenían alergia y manifiestan la enfermedad a los dos
o tres años de residir en España. Hace 20 años, la alergia en ancianos era
prácticamente inexistente", apunta Tomás Chivato.
Existen varias herramientas para
diagnosticar las alergias; las más frecuentes son las pruebas cutáneas. Cuando
estas pruebas no son concluyentes, se realizan pruebas de provocación o
exposición al alergeno (administración de pequeñas cantidades). Las primeras
determinan la enfermedad, y las segundas, el grado de sensibilidad al alergeno.
Uno de los avances fundamentales que han tenido lugar en los dos últimos años es
el diagnóstico molecular, una técnica basada en un dispositivo (llamado
microarrays) que permite identificar exactamente a qué proteína se está
sensibilizado.
El presidente de la SEAIC asegura que
"es una técnica inequívoca para todo tipo de alergias, que permite hacer un
tratamiento más específico". De momento se hace en muy pocos hospitales
españoles, "pero se incorporará en los servicios de alergología
progresivamente", avanza.
La alergia es difícil de controlar, y
mientras que para algunos pacientes puede ser anecdótica, para otros es
determinante. Cuando los síntomas no son muy persistentes, los alergólogos
manejan esta enfermedad con fármacos, pero si continúan, la inmunoterapia
(vacunas) puede ser una alternativa eficaz. "La vacunación merece la pena en
pacientes con una alergia intensa. Aporta más control a los síntomas, frena la
sensibilización frente a otros pólenes y es el único tratamiento que, una vez
completado, mantiene sus efectos", sostiene José María Olaguibel, alergólogo del
hospital Virgen del Camino de Pamplona y presidente electo de la SEAIC.
Hay dos tipos de vacuna: subcutánea
(inyecciones) y sublingual (en líquido o en gotas debajo de la lengua). También
existen las vacunas de alta generación (vacunas en comprimidos), de las que ya
se dispone alguna en nuestro país. Chivato subraya que desde 2009, algunos
países cuentan con una nueva fórmula liofilizada oral, exclusivamente para
tratar la alergia al polen de gramíneas, que se disuelve en la boca. A mediados
de febrero se han presentado unos estudios que también demuestran que esta
fórmula es eficaz en niños a partir de cinco años.
"Los resultados de varios megaensayos
publicados hace unos meses concluyen que las vacunas orales son eficaces y que
sus efectos se mantienen durante uno o dos años después de haber retirado el
tratamiento. Existe una investigación tremendamente activa en la búsqueda de
alergenos de fuentes artificiales. Otras líneas de estudio avalan que se van a
obtener productos de mayor calidad para un mejor diagnóstico y tratamiento",
concluye Olaguibel.
FUENTE: El País/Salud