|

JOSÉ ANTONIO
GUTIÉRREZ FUENTES
Director de la Fundación Lilly
"Cuando exista un dilema entre la libertad del paciente y la del
médico, debemos tener presente que las libertades son individuales e
independientes, debiendo primar la del enfermo que padece el dolor"
"Aunque situemos en primer plano los intereses del paciente, el
médico debe plantearse aspectos como el de la aplicabilidad y
utilidad real de los tratamientos, su coste/eficacia y sus efectos
secundarios" |
Los médicos tenemos presente que la vida es finita
y que la muerte es inevitable, pero también sabemos que nuestro papel está del
lado de la vida y nuestra misión es procurar que ésta sea lo más larga y
saludable, luchando por alejar en lo posible la enfermedad y el dolor.
Con esta premisa, los avances tecnológicos
actuales permiten curar o al menos aliviar las enfermedades y limitar los
efectos del dolor haciendo más tolerable la última etapa de la vida.
En el paciente y su entorno familiar, con el apoyo
y asesoramiento médico, estará el hacer un juicioso uso de estos recursos, sin
renunciar a ninguna posibilidad, pero sin caer en lo que algunos han dado en
llamar ensañamiento terapéutico. Cuando existe un dilema entre la libertad del
paciente y la libertad del médico, debemos tener presente que las libertades son
individuales en cada caso, son independientes, debiendo primar la del enfermo
que padece la enfermedad y el dolor, v es dueño de su vida.
Ahora bien no podemos olvidar que el individuo es
libre en tanto en cuanto conozca el objeto sobre el que debe decidir; en el caso
del paciente, su enfermedad y las posibilidades de aliviarla, o no. Lo
frecuente es que el enfermo quiera saber qué le sucede, pero confíe al médico
lo que debe hacerse y sea mejor para él.
Los aspectos afectivos en el entorno del paciente, del que participan la
familia, los amigos, las enfermeras y médicos, deben ser cuidados siempre,
máxime en las situaciones terminales, siendo la confianza -casi la comunión-
establecida entre aquél y el médico, un incalculable valor que siempre deberemos
procurar.
Dilemas como el de la objeción de conciencia aparecen sólo cuando a través de la
norma se intenta regular situaciones que quizás deberían asumirse como
simplemente naturales. La libertad del paciente no puede invadir la del médico,
ni los médicos entendimos nunca nuestra actuación ante el paciente, y menos ante
el final de la vida, como un enfrenta-miento que precisara ser regulado. Los
objetivos del médico de intentar curar y de aliviar los sufrimientos del
paciente terminal con las posibilidades que ofrecen hoy las modernas tecnologías
y los avances científicos, pueden y deben confluir positivamente. Hoy disponemos
de más y mejores medios para luchar contra la enfermedad y el dolor, pero
debemos tener presente que el sufrimiento es un hecho particular y único en cada
individuo.
Es entonces cuando debemos casar
los beneficios objetivos que nos brinda la ciencia
con la individualidad y la forma de afrontar la enfermedad, el sufrimiento y el
final de la vida, siendo éste un momento de especial trascendencia en la
práctica del arte médico. Pero, aunque siempre situemos en primer plano los
intereses del paciente, el médico debe plantearse otros aspectos como el de la
aplicabilidad y utilidad real de los tratamientos, su coste/eficacia, sus
efectos secundarios, etc. Para ello, deberá estar informado y disponer de los
elementos de juicio que le permitan decidir hasta dónde llevar el esfuerzo
terapéutico o cuándo considerar agotadas sus posibilidades. En cualquier caso,
es importante destacar el avance y concienciación sobre la utilidad reconocida
de los cuidados paliativos. |